Sunday, January 04, 2009

DRAMATIZACIÓN ACERCA DE EXTRACTOS DEL PRINCIPITO. Litúrgia Penitencial Enero 2009


LA HUÍDA
N. 1: La historia que yo estoy viviendo,N. 2: nuestra historia,N. 3: la de todos,N. 1: se parece mucho a la de aquel principito que vivía en un pequeño planeta.N. 2: Pero el final es diferente.N. 3: El final lo elige cada uno.
Todos: Somos libres de elegir el camino que queramos.

Voz 1: Pero ya no podemos seguir siendo niños.
Voz 2: Ya va siendo hora de despertar.Voz 3: ¿Hasta cuándo seguiremos en nuestro pequeño planeta?
N. 1: El principito era feliz en su planeta. Apenas tenía preocupacio­nes.N. 2: Procuraba que su planeta estuviera limpio, arrancaba con cui­dado las malas hierbas antes de que
crecieran demasiado,N. 3: y cuando estaba triste le gustaba contemplar las puestas de sol.N. 1: Pero un día apareció algo misterioso en su planeta.N. 2: Algo que le iba a hacer salir de sí mismo.N. 3: Era nada menos que... ¡una rosa!

Voz 1: Nuestra vida empieza a cambiar cuando descubrimos que no estamos solos.
Voz 2: Empezamos a madurar cuando renunciamos a ser el cen­tro de nuestro mundo.
Voz 3: Cuando descubrimos que alguien necesita de nosotros.


Rosa: ¡Ah!, acabo de despertarme... Perdóname... Todavía estoy des­peinada...
Principito: ¡Qué hermosa eres!
Rosa: ¿Verdad? Y he nacido al mismo tiempo que el sol... Creo que es la hora del desayuno.
¿Tendrías la bondad de acordarte de mí?


Voz 1: ¡Vaya, principito! te has encontrado con alguien que necesita de ti.
Voz 2: Y eso, en el fondo, es molesto.
Voz 3: Porque te hace olvidar tus problemas, y has de estar pendien­te del otro.

Poeta: En el «meeting» de la humanidad millones de hombres gritan lo mismo:
¡Yo, yo, yo, yo, yo, yo!... ¡ Yo, yo, yo, yo, yo, yo!...
«Cu, cu, cantaba la rana; cu, cu, debajo del agua!... ¡Qué monótona es la rana humana!
¡Qué monótono es el hombre mono! ¡ Yo, yo, yo, yo, yo, yo!...
Y luego: A mí, para mí; en mi opinión, a mi entender. ¡Mi, mi, mi, mi!
Y en francés hay un ¡«Moi»! ¡Oh!, el «moi» francés, ¡ese sí que es grande! «Monsieur le moi».
La rana es mejor: ¡Cu, cu, cu, cu, cu, cu! Sólo los que aman saben decir: ¡Tú!

Rosa: Siento horror a las corrientes de aire. ¿No tendrías un biombo?
Principito: Pues no es una suerte para una planta. Esta flor es bien complicada...
Rosa: Por la noche me meterás bajo un globo. Aquí hace mucho frío. Hay pocas comodidades... ¿Y el biombo?
Principito: ¡Lo iba a buscar, pero como me estabas hablando...!


Voz 1: Principito, te estás cansando ya de esa rosa, ¿verdad?
Principito: Me molesta tener que hacerle tantas cosas y encima que no me lo agradezca.
Voz 2: Al fin y al cabo, ¿qué te ha dado ella?
Principito: Pues..., aparte de su aroma y lo que adorna mi planeta, ¡sólo molestias!
Voz 3: ¿Y por qué vas a estar obligado a cuidarla?
Principito: Podía haberse escogido otro planeta para nacer. Yo esta­ba muy cómodo antes de venir ella. ¿Cómo voy a ser feliz así?

N. 1: El principito decidió marcharse. Quería buscar la felicidad.
N. 2: Dejaría allí aquella rosa tan molesta.
N. 3: Seguramente en otras partes podría encontrar amigos que le hicieran feliz y llegaría a conocer muchas cosas.

Principito: Adiós.
Rosa: Lo siento. He sido una tonta. Te pido perdón. Procura ser feliz...
Pues sí, te quiero, aunque no lo hayas sabido. Pero no tiene importancia. Procura ser feliz. Si has decidido partir, vete.

Voz 1: Cuando las cosas van mal, lo más fácil es huir.
Voz 2: El que vive sin problemas, nunca dejará de ser niño.
Voz 3: Es difícil amar, sin esperar nada a cambio.
Voces: Pero sólo crecerás si sabes darte a los demás.

2. La búsqueda

N. 1: Y el principito comenzó la búsqueda. Se encontraba en una región de asteroides, diferentes todos
ellos, pero todos con algo de atractivo; así que a ellos se dirigió para instruirse.

PODER

N. 2: El primer asteroide era el del poder. En él había un rey, sentado en un trono muy sencillo pero majestuoso.

Rey: ¡Ah! He aquí un súbdito.
Principito: ¿Cómo puede reconocerme si nunca me ha visto antes?

N. 3: El principito no sabía que para el poder el mundo está muy simplificado. Todos los hombres son súbditos.
Rey: Acércate para que te vea mejor.
Es contrario al protocolo bostezar en presencia del rey. Te lo prohíbo.
Principito: No puedo impedirlo. He hecho un largo viaje y no he dormido.
Rey: Entonces te ordeno bostezar. Los bostezos son una curiosidad para mí.
Principito: Eso me intimida..., no puedo...
Rey: ¡Hum! ¡Hum!, Entonces te... te ordeno bostezar o no bostezar...
Principito: ... Majestad, le pido perdón por interrogarle.
Rey: Te ordeno interrogarme.
Principito: Majestad, ¿sobre qué reina?
Rey: Sobre todo.
Principito: ¿Y todo le obedece?
Rey: Naturalmente. Pero para que mis órdenes puedan ser cumplidas, han de ser razonables, y para que sean razonables he de esperar a que las condiciones sean favorables.
Principito: Bueno, no tengo nada más que hacer aquí. Me voy.
Rey: Espera. ¡Quédate! Te hago ministro.
Principito: ¿Ministro de qué?
Rey: De... ¡de justicia!
Principito: ¡Pero no hay a quien juzgar!
Rey: Te juzgarás a ti mismo. Es lo más difícil. Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los demás. Si logras juzgarte bien a ti mismo eres un verdadero sabio.
Principito: No gracias, no necesito quedarme aquí para eso… adiós.

Voz 1: ¡El poder! ¡Qué grande es el poder!
Voz 2: ¡Estar más arriba! ¡Tener muchos a quien mandar!
Voz 3: ¡Ser obedecido sin rechistar!
Voz 1: ¡Que me pidan permiso! ¡Que se humillen ante mí!
Voz 2: ¡Que todos cumplan mi voluntad!
Voz 3: La ley del más fuerte, mientras los otros sean más débiles.
Voz 1: Lo que importa es llegar alto, acercarse a la cúspide.
Voz 2: Abajo se quedan los esclavos.
Voces: Alguien dijo que lo mejor era un círculo.
Donde todos estuviésemos a la misma altura.
Donde todos nos viésemos las caras.
Alguien dijo que el mayor debía ser el servidor de los demás.
Y quien quisiera ser el primero, se pusiera en el último lugar.

Voz 3: Pero esto, ¿quién se lo toma en serio?


VANIDAD

N. 1: El segundo planeta era el de la vanidad. Su ocupante ensegui­da le vio venir.
Vanidoso: ¡Ah! ¡Ah! ¡He aquí la visita de un admirador!
Principito: Buenos días. ¡Qué sombrero tan raro tienes!
Vanidoso: Es para saludar. Para saludar a cuantos me aclaman. Des­graciadamente, nunca pasa nadie por
aquí.
Principito: ¿Ah, sí?
Vanidoso: Golpea tus manos, una contra la otra.
(El principito aplaude. El vanidoso saluda levantando el sombrero).
Principito: Esto es más divertido que la visita al Rey. (Vuelve a aplaudir y el vanidoso vuelve a saludar, y así varias veces).
Vanidoso: ¿Me admiras mucho verdaderamente?
Principito: ¿Qué significa admirar?
Vanidoso: Admirar significa reconocer que soy el hombre más her­moso, mejor vestido, más rico y más inteligente del planeta.
Principito: ¡Pero si eres la única persona en el planeta!
Vanidoso: ¡Dame ese gusto! ¡Admírame lo mismo!

Principito: Bueno... te admiro. Pero, ¿por qué puede interesarte que te admire?

Voz 1: Si tú no tienes un celular,
Voz 2: muchos objetos,
Voz 3: ropa de marcas,
Voz 1: buena casa,
Voz 2: muebles de estilo,
Voces: ¡eres un pobre hombre!
Voz 1: Si tú no eres rico,
Voz 2: feliz,
Voz 3: instruido,
Voz 1: elegante,
Voz 2: culto,
Voz 3: libre,
Voz 1: interesante,
Voz 2: deportista,
Voz 3: inteligente.
Voces: ¡Haz como si lo fueses!
Voz 1: Si tú no sabes mentir,
Voz 2: hacerte valer,
Voz 3: codearte con gente importante,
Voz 1: venderte caro,
Voz 2: ser bien visto,
Voz 3: defenderte,
Voz 1: hacerte respetar,
Voz 2: robar elegantemente,
Voces: ¡eres un fracasado!

EVASION

N. 2: El planeta siguiente era el de la evasión. En él había tres personas en vez de una, pero las tres estaban separadas, las tres inmóviles.
N. 1: Uno de ellos era un bebedor. Estaba sentado ante una mesa, en medio de una colección de botellas vacías y una colección de botellas llenas.
Principito: ¿Qué haces ahí?
Bebedor: Bebo.
Principito: ¿Por qué bebes?
Bebedor: Para olvidar.
Principito: ¿Para olvidar qué?
Bebedor: Para olvidar que tengo vergüenza.
Principito: ¿Vergüenza de qué?
Bebedor: ¡Vergüenza de beber!

N. 1: El segundo habitante de este planeta era un drogadicto. Con los ojos en blanco, como ausente, con una jeringuilla vacía al lado.

Principito: Y tú, ¿qué haces? ¿Por qué no te mueves?
Drogadicto: No puedo. Estoy atado.
Principito: ¿Atado? ¿Te podría desatar yo?
Drogadicto. Oh, no! Pero sí me podrías ayudar si me trajeras droga. Necesito droga, cada vez más. Empecé tomando poca cosa, para olvidarme de mis problemas, para viajar a un país de ilusión. Ahora ya no puedo desengancharme. ¡Estoy atado! ¿Me puedes traer droga tú? ¡Te daré lo que me pidas!

N. 2: El tercero estaba absorto, con los ojos fijos ante algo que parecía una caja.

Principito: ¿Qué miras? (silencio).
¡Oye! ¿Estás sordo? ¿Por qué no me saludas?
Teleadicto: ¿Qué? ¡Ah! No te había visto. Perdona, pero no puedo atenderte. Esto está muy interesante.
Principito: Pero, ¿qué es eso?
Teleadicto: ¿No lo sabes? Es un televisor. Te lo dice todo. Con él puedes saber cómo son las flores, los animales, lo que hacen las personas...
Principito: ¿Y por qué no vas tú mismo a verlos? Si estás ahí quieto, ¿para qué te sirve lo que te enseña esa caja?
Teleadicto: Pues... bueno... ahora no puedo pensar en ello. Me estoy perdiendo este programa.
Principito: (alejándose) Decididamente, estas personas son muy extrañas.

Voz 1: para estar a la moda hay que saber de videojuegos,
Voz 2: crees que es la mejor forma de relacionarte con otros…
Voz 3: a través de un juego en red donde unos son los policías y otros los ladrones,
Voz 1: terminas el juego cuando todos los personajes están muertos
Voz 2: y otro día ha pasado de comunicación virtual,
Voz 3: sin captar en ningún momento cómo se sentía tú amigo,
Voz 1: llegando a tu casa sin saber ya cuál es el mundo real,
Voz 2: en que vives en la computadora,
Voces: o en el calor de tu hogar.
TENER

N. 3: El cuarto planeta se llamaba «tener». Había allí un hombre de negocios, muy ocupado.

Principito: Buenos días. Su cigarrillo está apagado.
Negociante: Tres y dos son cinco. Cinco y siete, doce. Doce y tres, quince. Buenos días. Quince y siete, veintidós. Veintidós y seis, veintiocho. No tengo tiempo para volver a encenderlo. Veintiséis y cinco, treinta y uno. ¡Uf! Da un total, pues, de quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno.
Principito: ¿Quinientos millones de qué?...
Negociante. ¡Eh! ¿Estás siempre ahí? Quinientos millones de... Ya no sé... ¡Tengo tanto trabajo! Yo soy serio, no me divierto con tonte­rías. Dos y cinco, siete...
Principito: ¿Quinientos millones de qué?
Negociante: En los cincuenta y cuatro años que habito este planeta, sólo he sido molestado tres veces. La primera fue hace veintidós años por un abejorro que cayó Dios sabe de dónde. Produjo un ruido espantoso y cometí cuatro errores en una suma. La segunda fue hace once años por un ataque de reumatismo. Me hace falta ejercicio. No tengo tiempo para moverme. Yo soy serio. La tercera vez... ¡hela aquí! Decía, pues, quinientos un millones...
Principito: ¿Millones de qué?
Negociante: Millones de esas cositas que se ven a veces en el cielo.
Principito: ¿Moscas?
Negociante: No hombre, cositas que brillan.
Principito: ¿Abejas?
Negociante: ¡No, hombre! Cositas doradas que hacen desvariar a los holgazanes. ¡Pero yo soy serio! No tengo tiempo para desvariar.
Principito: ¡Ah! ¿Estrellas?
Negociante: Eso es. Estrellas.
Principito: ¿Y qué haces tú con quinientos millones de estrellas?
Negociante: ¿Que hago?
Principito: Sí.
Negociante: Nada, Las poseo.
Principito: ¿Posees las estrellas?
Negociante: Sí
Principito: ¿Y para qué te sirve poseer las estrellas?
Negociante: Me sirve para ser rico.
Principito: ¿Y para qué te sirve ser rico?
Negociante: Para comprar otras estrellas, si alguien las encuentra.
Principito: Yo poseo una flor que riego todos los días. Poseo tres volcanes que deshollino todas las semanas. Es útil para mis volca­nes y es útil para mi flor que yo los posea. Pero tú no eres útil a las estrellas...

Voz 1: quieres ser alguien en la vida,
Voz 2: y te esfuerzas por estudiar…
Voz 3: necesitas un buen promedio,
Voz 1: para llegar a ser un excelente profesional,
Voz 2: para poder tener una casa, un carro y muchas cosas más,
Voz 3: poseer, poseer, poseer; el lema más actual
Voz 1: no importa cómo lo obtengas y sin los demás no tienen ni pan,
Voz 2: tú te esforzaste más que ellos,
Voces: para llegar donde estás.


VIOLENCIA

N. 1: El quinto planeta proporcionó un buen susto al principito, que según se acercaba oyó varios estampidos, y el extraño saludo de un hombre parapetado tras un grueso muro.

Violento: ¡Alto! ¡Manos arriba! No me fío de ti.
Principito: ¡Hola! Soy un viajante. Sólo quiero hacerte una visita.
Violento: Seguro que eres de «los otros». Vienes a espiar.
Principito: ¿Quiénes son los otros?
Violento: Son los que no piensan como yo. Ellos son los causantes de todo el mal. Habría que matarlos a todos. Ese es mi lema: Todo aquel que no piensa como yo es un enemigo.
Principito: Pero, ¿has hablado con ellos? Tal vez no son tan malos como te parecen.
Violento: ¿Hablar? Lo mejor es convencerlos por la fuerza. Si aumen­to mis armas, ellos no se atreverán a atacarme.
Principito: ¿Cómo sabes que intentan atacarte? Si ya no tienes más Sitio en el planeta para poner más armas. Seguramente, si en vez de amenazas les ofreces ayuda, nadie te atacaría.
Violento: Está claro que eres de su bando. ¡Aléjate pronto!

Voz 1: la violencia es mucho más que darle un golpe a alguien,
Voz 2: es herir, es burlarse del otro sin piedad…
Voz 3: es no escuchar, ni entender una distinta realidad,
Voz 1: y creerse uno el dueño de toda la verdad.


Ahora se invita a los alumnos a ubicarse en uno de los planetas con el cual se identifican, cada uno expresa de esta forma las fallas más llamativas que tiene. Una vez que cada alumno está en el planeta que escoge, se prosigue.







3. El Encuentro

N. 1: Al fin el principito había llegado a un planeta más grande que los anteriores. Se llamaba tierra. Y fue a caer justo en el desierto.
N. 2: Hasta ahora había tenido poca suerte en su búsqueda. Había salido en busca de amigos y no los había encontrado. Había ido a conocer cosas, y todo le parecía inútil.
N. 3: Ahora se encontraba solo. Sin amigos, sin aquella rosa que tanto le importunaba pero que, al fin y al cabo, le había hecho sentirse necesario.


Zorro: Buenos días.
Principito: Buenos días.
Zorro: Estoy acá, bajo el manzano...
Principito: ¿Quién eres? ¡Qué bonito!
Zorro: Soy un zorro.
Principito: Ven a jugar conmigo. ¡Estoy tan triste!...
Zorro: No puedo. No estoy domesticado.
Principito: ¡Ah!, perdón... ¿Qué significa «domesticar»?
Zorro: Tú no eres de aquí. ¿Qué buscas?
Principito: Busco a los hombres. ¿Qué significa «domesticar»?
Zorro: Los hombres tienen fusiles y cazan. Es muy molesto, ¿sabes? También crían gallinas, y esto les hace interesantes. ¿Buscas galli­nas?
Principito: No. Busco amigos. ¿Qué significa «domesticar»?
Zorro: Es una cosa demasiada olvidada. Significa «crear lazos».
Principito: ¿Crear lazos?
Zorro: Sí, verás. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a otros cien mil. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...
Principito: Empiezo a comprender. Hay una flor... Creo que me ha domesticado...
Zorro: Es posible... Mi vida es monótona, ¿sabes? Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domes­ticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es muy triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y me gustará el ruido del viento en el trigo... ¡Por favor... domestícame!
Principito: Bien, quisiera, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
Zorro: Sólo se conocen las cosas que se domestican. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas en las tiendas. Pero como no existen tiendas que vendan amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
Principito: ¿Qué hay que hacer?
Zorro: Hay que ser muy paciente. Al principio te sentarás un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca...

N. 1: Al día siguiente volvió el principito.
Zorro: Hubiese sido mejor venir a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
Principito: ¿Qué es un rito?
Zorro: Es también algo demasiado olvidado. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días: una hora, de las otras horas.

N. 1: De esta forma el principito domesticó al zorro. Pero la hora de la partida llegó:

Zorro: ¡Ah!... Voy a llorar.
Principito: Tuya es la culpa. No deseaba hacerte mal, pero quisiste que te domesticara...
Zorro: Sí.
Principito: ¡Pero vas a llorar!
Zorro: Si.
Principito: Entonces, no ganas nada.
Zorro: Gano, por el color del trigo... Ahora vete y mira a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.

N. 2: El principito se fue a ver a las rosas.

Principito: No son en absoluto parecidas a mi rosa: no son nada aún. Nadie las ha domesticado y no han domesticado a nadie. Son como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es el único en el mundo...

N. 3: Y volvió hacia el zorro:

Principito: Adiós.
Zorro: Adiós. He aquí mi secreto. Es muy sencillo. Sólo con el cora­zón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos.
Principito: Lo esencial es invisible a los ojos.
Zorro: El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
Principito: El tiempo que perdí por mi rosa...
Zorro: Los hombres han olvidado esta verdad. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
Principito: Soy responsable de mi rosa...

Voces: Sólo con el corazón se puede ver bien.
Voz 1: Lo esencial es invisible a los ojos.
Voz 2: Los hombres han olvidado esta verdad.
Voz 3: Por eso viven de apariencias.
Voz 1: Por eso llaman amor a lo que sólo es egoísmo.
Voz 2: Y luchan por el poder para hacerse servir.
Voz 3: Y se preocupan tanto por la fama y el prestigio.
Voz 1: Y se dejan dominar por el placer y la comodidad.
Voz 2: Y están esclavizados por el afán de tener cada vez más.
Voz 3: Y creen en el «ojo por ojo y diente por diente».
Voces: Por eso hay tantos asteroides solitarios, muy lejos unos de otros.



Voz 1: Pero nosotros sabemos dónde está la verdad.
Voz 2: Nos la dejó bien clara aquel hombre: JESUS.
Voz 3: El hombre que mejor supo ver con el corazón.
Voces: El nos dijo: Amaos unos a otros como yo os he amado.
Voz 1: Quien quiera ser el primero, sea el servidor de los otros.
Voz2: Cuando hagas algo bueno, hazlo de forma que no te vean.
Voz3: Acepta tu cruz de cada día.
Voz 1: Comparte tu dinero con los pobres.
Voz 2: No te dejes llevar por la venganza.
Voz 3: También nos dijo que los más felices son aquellos que el mundo llama desgraciados:
Voz 1: Los de corazón pobre, los pacíficos, los sencillos,
Voz 2: los que sufren, los que luchan por la justicia, los que saben perdonar,
Voz 3: los limpios de corazón, los perseguidos por ser honrados.
Voces: En definitiva, los que saben amar de veras.
Voz 1: Estos son los creadores de un mundo mejor para todos.
Voz 2: Estos son los que eligen ser libres y rompen los muros.
Voz 3: Estos son los auténticos HOMBRES NUEVOS.
Voces: ¿Por qué no empezamos a ser Hombres Nuevos?

Dices que el Evangelio no sirve, que no aporta ninguna mejora, que no va con los tiempos de ahora, que su sitio es la jubilación. Te diré que no tienes ni idea; es tu vida un regalo del cielo, si vivirla merece la pena, el camino lo da el Evangelio.

Es amor, eterno amor. Es la vida, eterna vida.
Te da luz, te da riqueza, y alegría que da fuerza.
Está cerca cada momento, ayer y hoy, buen compañero,
y tendrás siempre en tus manos la respuesta a tus por qués.

Dices que lo importante es ser rico, que no sirve vivir de ilusiones, que consigues lo que te propones, que la vida no da para más. Te diré que no tienes ni idea: es tu vida un regalo del cielo, si vivirla merece la pena, el camino lo da el Evangelio. ES AMOR...


Los alumnos se van ubicando en el planeta soñado por Jesús después de hacer un compromiso.

Una vez que se han ubicado todos ahí se canta…







Tuesday, December 09, 2008

MATERIAL PARA PROFUNDIZAR AC ERCA DE SAN PABLO. Diciembre 2008


Con motivo del Año paulino, que celebra la Iglesia a lo largo del curso 2008-09, ÁGORA ESPIRITUALIDAD ofrece un CURSO INTRODUCTORIO A LA FIGURA, LAS OBRAS, Y LA ESPIRITUALIDAD DEL APOSTOL DE LOS GENTILES. El objetivo es conocer mejor su vida y sus escritos, pero sobre todo, desde ahí “CONOCER MEJOR A CRISTO Y SU EVANGELIO”. Esto es lo que Pablo querría que siguiéramos haciendo hoy, dos mil años después. El Curso ofrecerá materiales bíblicos, pero también históricos, geográficos y artísticos, así como enlaces a la figura y obra de Pablo.
Comenzamos con una actividad:
1. “
El Evangelio de Pablo“. Antología paulina. Para orar, cantar, y grabar en el corazón las grandes frases del apóstol Pablo. Comenzamos con un “juego”. Se trata de leer las 50 frases, pasarlas por el corazón, rezarlas, canturrear alguna… Y elegir dos de ellas: la que más me gusta y la que menos conocía y me ha gustado conocer y descubrir. Si quieres…puedes compartir tu elección en el FORO DE NOVEDADES DE LA ESPIRITUALIDAD MARIANISTA.
Vía
Enrique Aguilera, sm en Ágora Marianista, novedades de EspiritualidadTags: , , , ,
Sergio Miguel Martín
TOMADO DESDE :

Wednesday, November 26, 2008

Material Para Profundizar el Año Paulino. Noviembre 2008


En una entrada reciente recopilábamos una serie de presentaciones en Power Point sobre San Pablo. Ampliamos ahora esta colección de recursos con una completísima serie de presentaciones sobre el "apóstol de los gentiles" que se ofrecen en la web de la diócesis de Almería con motivo del año paulino. El guión de este material está realizado por Antonio Rodriguez Carmona y el montaje en Power Point por Antonio García Polo.


La serie completa de presentaciones es la siguiente:

* Año Paulino * Vida 1 Tarso * Vida 2 Formación * Vida 3 Perseguidor * Vida 4 Conversión-Vocación * Vida 5 Primeros pasos * Vida 6 Viaje 1º * Vida 7 Concilio * Vida Viaje 2º * Vida Viaje 3º * Vida Prisión en Jerusalén * Vida Prisión en Cesarea * Vida Viaje a Roma * Vida Viaje a Hispania y Martírio en Roma * Vida Resumen-Autobiografía

Thursday, November 13, 2008

PARÁBOLAS PARA LA VIDA.- Noviembre 2008


Parábola De la Red de Pescar

(Mat. 13:47-50)

1º.- Experiencia humana

Cada uno de nosotros se ve diariamente puesto en la situación de elegir, desde cosas pequeñas hasta cosas que influirán sobre su futuro. Elegir bien es desde luego un tema que nos preocupa, tanto de niños como de mayores, puesto que si no lo logramos no nos será fácil estar contentos. Pero no es lo mismo elegir entre una cosa u otra, entre ir al cine o ir al teatro, entre hacer esto o lo otro, o elegir entre el bien y el mal, elegir lo verdadero y lo santo para nuestra vida. Hay una diferencia a la hora de ver y entender lo que supone elegir. Esto es lo que al final importa: elegir lo que es verdadero y santo para la propia vida, saber y aprender este “arte” nada fácil de saber elegir. Los filósofos antiguos comparaban la vida con un paseo por el mercado. El necio piensa: ¿Cuánto dinero necesito para comprar tantas cosas? El sabio dice: ¡Cuántas cosas superficiales que no necesito! San Pablo dirá “Todo me es lícito, pero no todo me es conveniente” (1Cor 6, 12).
Comentar, según la edad, sobre como elegimos, que criterios tenemos, nos importa buscar realmente la verdad, lo verdadero, etc.


2º.- Iluminación desde la Palabra de Dios:

Ø Se proclama la Palabra de Dios:

"En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: El Reino de los Cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y a los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes" (Mateo 13, 47-50).


Ø Se profundiza en la Palabra de Dios:

El Reino se parece a una red, pero no una cualquiera sino una red tirada en el mar, que lo coge todo. Se trata de algo típico en la vida de los que oían esta parábola, pues eran en su gran mayoría pescadores, que vivían de la pesca. Es una experiencia que también ellos tienen, de la red tirada al mar y que coge de todo, cosas buenas y cosas menos buenas. El pescador no puede evitar que entren cosas no buenas en su red, porqué no consigue controlar lo que sucede abajo, en el fondo del mar, por donde pasa su red. Sabrá lo que tiene solo cuando levantará la red hacia arriba y luego se sentará junto con sus colegas para hacer la separación entre los peces buenos y los malos. De nuevo, Jesús no explica la parábola, pero da una indicación: “así sucederá al final del tiempo”; habrá una separación entre los buenos y los malos. En la vida tenemos que aprender a “escoger los buenos peces y arrojar los de mala calidad”, es decir, saber analizar la propia conducta para ver si voy por el camino que Dios quiere de mí.
Hay que pensar también que la red puede simbolizar todo este mundo, en el cual estamos viviendo y en que está compuesto por una grandísima variedad de pueblos y naciones, de gente tan diversa. Incluso en una zona restringida respecto a todo el mundo, en un país como España, hay ya tantas gentes de tantos países. Dios tiene para todos un plan de salvación, todos caben en el Reino celestial, hay lugar para todos. Y sobre cómo conseguir entrar en este reino, no hay un receta precisa, no hace falta que todos sean como yo o como tu, o que todos expresen del mismo modo su fe, o que todos piensen igual, etc.


3º.- Compromiso:

Reflexionar atentamente si en mi vida soy consciente de cómo hago mis elecciones.

4º.- Oración:
Dios y Señor nuestro, tu amor y misericordia nos rodean en todos los momentos de nuestra vida, aunque nosotros nos olvidamos tantas veces que nos amas inmensamente. Tu Señor, que nos hiciste libres y mostraste tu amor para con nosotros, enviando a tu Hijo para rescatarnos y salvarnos, concédenos la gracia de sabernos realmente hijos tuyos, para que tratemos a nuestro prójimo como a nuestro hermano, y para que entendamos cada vez mas profundamente cual es tu voluntad para nuestra vida. Amen
.

SIMBÓLICAS











PARÁBOLA PARA LA VIDA. Noviembre 2008


PARÁBOLA DEL GRANO QUE CRECE POR SÍ SOLO
(Mc 4, 26-29)

“Y decía: sucede con el Reino de Dios como con un hombre que echó la semilla sobre la tierra. Y él duerme y se levanta, noche y día. Y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero el tallo(herboso) luego la espiga, después el grano lleno en la espiga. Y cuando el fruto lo permite, en seguida envía él la hoz, porque ha llegado la siega”

“Y decía también: “Sucede con el Reino de Dios...”. Es como decir: miren ustedes esto es así: el Reino es lo que acontece, lo que sucede en la vida de una persona hombre o mujer, lo que acontece en tú vida y en mi vida; y Dios actúa, Dios obra así, Dios hace así, en ti y en mí.

“Como con el grano que hecha en la tierra...”. Esa pequeña semilla ese germen de vida divina y eterna que llevamos dentro, que Dios ha puesto en nosotros y por ello nos precede; es decir, actúa antes de que nosotros lo hagamos con nuestras facultades de inteligencia o nuestra afectividad y por eso desde su gratuidad....

“Duerma o vele, de noche o de día, el grano germina y crece, sin que él sepa cómo, la tierra da fruto por sí misma...” y minuciosamente sigue las fases de crecimiento: “primero hierba, luego espiga...”Así sucede con el Reino tan imperturbablemente seguro, tan independiente de las prisas y cuidados del hombre, que sólo puede poner a disposición: su paciencia...y contemplar en su propia vida el Reino, el hacer, el crear y recrear de Dios, su gracia que enriquece a tu persona, la embellece y la agracia; por eso nos atrae tanto lo bueno, lo bello, el bien, porque lo llevamos dentro, estamos hechos así: sembrados con amor y para el amor; con bien y para el bien, con belleza y para la belleza, con alegría y para la alegría, con felicidad y para la felicidad, por ello aspiramos siempre a ser felices, con gratuidad, para ser libres...

“Después trigo abundante en la espiga...”.No podemos acelerar la hora del Reino sino...aguardarlo. No podemos comparar o asimilar el Reino de Dios a un objeto, a una cosa ¡No! Sino más bien, como a una manera de relación viva y personal con Dios, de una amistad con él. No decimos tengo a Dios sino más bien: estoy con Dios, vivo en su amistad porque él me ha llamado a estar con él...

“Y cuando el fruto está a punto...”.Cuando Dios llega a ser definitivamente real para mí, para ti, porque hemos acogido la Palabra de Jesús y hemos dado consentimiento a su amor ofrecido, entonces acontece en nuestra vida ¡el Reino! y animados por su dinamismo, respondemos a sus exigencias y vivimos ante Dios como sus hijos, y esto no por el desarrollo de nuestras facultades, ni el genio cultural, sino por esa fuerza de libertad, esa energía de amor eterno que llevamos dentro y nos hace exclamar con Jesús y cómo él: ¡Abba! Padre. Sí, sólo siendo así como niños se entra y se vive en el Reino de los cielos...
“En seguida se mete la hoz, porque ha llegado la siega”.



PARA TU REFLEXIÓN PERSONAL:

1.- ¿Cómo descubro en mí el Reino de Dios?
2.- ¿En qué situaciones relaciono mi felicidad con Dios?
3.- Y tú joven ¿a qué te sientes llamado con esta parábola que Jesús pone hoy en tus manos?






Sunday, October 05, 2008

ORACIÓN DEL EDUCADOR SIMBÓLICO DE LA FE. 2008



Evangelio: Mt 18, 1- 7.10.
ORACIÓN DEL EDUCADOR
Señor, Tú has querido que mis manos frágiles y humanas fueran instrumentos de ayuda para completar la obra de tu Reino de Bienaventuranzas, soy consciente de esta responsabilidad y por eso necesito tu fuerza, tu luz y tu bondad.
Señor, he leído en el Evangelio que los niños, en forma espontánea se acercaban a Ti, los rasgos de tu rica personalidad atraían la mirada limpia y sencilla de la almas ingenuas.
Señor, yo sé que tú sembraste la buena semilla y a través de los siglos la Iglesia va recogiendo pacientemente los frutos de la redención.
Señor, Tú sabes que necesito mucha fe, fe en mi labor. Fe en la potencialidad de la juventud, fe en la fuerza transformadora de tu palabra, fe en un porvenir mejor.
Señor, yo sé que el AMOR se identifica con el verbo DAR. En la labor educativa eseVerbo DAR se conjuga en todos los modos, tiempos y personas.
Señor, que comprenda el significado de la vida como dádiva constante como lo fuiste Tú. Tengo que darle a los que has puesto bajo mi cuidado mi ciencia, mi alegría, mi optimismo, mi tiempo, mi experiencia, mi ser y mi vida.
Señor, has que comprenda y sienta la alegría del Don sin reservas, sin condiciones, sin recompensas.
Señor, si llegan satisfacciones humanas te las agradezco, serán estímulo para mi labor y si no llegan, también te lo agradezco porque así me ayudarán a comprender que una labor desinteresada es buen camino para superar la vanidad y la autosuficiencia.
Señor, ayúdame a comprender la fuerza del testimonio, que a mis alumnos los mueva más las actitudes de mi vida, traducidas en hechos concretos, que mis palabras.
Señor, ayúdame a encauzar a mis alumnos por el camino de una mayor personalización, que mis obras, mis palabras, mis valores, mis actitudes sean para ellos ayuda, impulso, que sean más decididos, más valientes, más bondadosos, más justos, más comprometidos.
Señor, que yo pueda construir en ellos una iglesia más cristiana y una Patria más justa más solidaria y más fraternal.
Señor, que yo comprenda la verdad que encierran estas palabras: “Es mucho más importante educar que instruir”.
Señor, que al final de la existencia puedan decir mis alumnos de su maestro: “Qué bueno (a) era”, y que yo pueda decir con la sonrisa en los labios: “Gracias, Señor, porque has hecho fructificar mi labor
”.

El Rosario Viviente. Una experiencia Simbólica Para el Mes de Octubre 2008



¿Qué es el Rosario Viviente?
Es una fórmula muy sencilla para hacer que el mundo se una en un gran abrazo de paz con la oración que más le gusta a la Virgen; ¡la meditación del Rosario! pero... ROSARIO VIVIENTE o sea: un Rosario hecho de muchos niños y niñas que dispuestos a compartir la alegría de su fe, ruegan al Señor unos por otros, multiplicando el amor en cada Avemaría y Padrenuestro, disfrutando del Evangelio que es palabra que da vida en cada Misterio.
Una gran red de misioneros apóstoles del Rosario
¿Quién lo inventó?
Todo lo bueno viene de Dios, por eso el Espíritu Santo fue quien le inspiró esta fabulosa idea a una jovencita francesa llamada Paulina Jaricot -terciaria dominica, fundadora también de la Obra de la Propagación de la Fe y cofundadora con Monseñor Forbin Janson de la Obra de la Infancia Misionera-.
Con gran devoción a la Virgen y preocupación por la conversión de los pecadores con el gran sentido misionero, en 1826 funda el Rosario Viviente para propagar en la Iglesia esta forma de oración.
"PONGAN LOS QUINCE MISTERIOS JUNTOS: UNA HOGUERA"
Para conseguir este fin organiza grupos de 15 personas, comprometiéndose cada una a recitar diariamente una decena del Rosario, pero meditando el misterio que le toca y que va cambiando periódicamente. Crea entre sus asociados una solidaridad de los misterios meditados uno tras otro intercediendo con la oración por las otras personas del mundo. cada uno de los asociados buscaba a otras cinco personas para unirlas a la gran hoguera de la oración.
Paulina tiene el ingenio de incitar a formar quincenas de las que cada una incluye "lo bueno, lo mediocre, y a algunas personas que no tienen más que buena voluntad... Quince carbones, uno sólo está bien encendido, tres o cuatro lo están a medias; y los otros, nada. Acércate, ¡es una hoguera! He aquí el carácter mismo de el Rosario Viviente"
Paulina trabajó con tanto entusiasmo y sacrificio que se transformó en el centro de esa hoguera de pequeños carbones unidos y animaba a sus asociados con publicaciones que movían su espíritu misionero a vivir intensamente la dimensión universal de la Iglesia. A la muerte de Paulina Jaricot en 1862 se había extendido con mucha fuerza el Rosario Viviente en muchos países del mundo, en Francia había más de Dos millones doscientos cincuenta mil inscritos.

¿Cómo se organiza el Rosario Viviente?
En sus comienzos se organizó en grupos de 15 personas por los quince misterios del Rosario, ahora lo organizamos en equipos de veinte personas ya que incluimos los cinco misterios luminosos agregados por el Papa Juan Pablo II al Santo Rosario .
Se necesita un coordinador
Tú puedes ser un animador del Rosario Viviente
-El coordinador es un animador que busca y motiva a los integrantes del equipo para fortalecer su vocación misionera con el Rosario.
- Asigna el misterio que deberá rezar cada uno durante una semana, para completar así todos los misterios. El orden de los misterios se sigue de la siguiente manera: gozosos, luminosos, dolorosos, gloriosos. El que comienza con el 1º misterio gozoso pasará la siguiente semana al 2º misterio gozoso y así sucesivamente
-Elige con su equipo la intención por la cual rezarán y que irá cambiando periódicamente, puede ser oración por el Papá, por la Iglesia, por los que no conocen a Jesús, por los niños abandonados, por las familias, etc.
- El animador del equipo deberá enviar a Infancia Misionera
correo@infancia-misionera.com la lista de los integrantes de su Rosario Viviente identificando el colegio, parroquia, o particular, con sus nombres y edades.
Cada integrante del equipo a su vez, puede buscar otros cinco niños para ir ampliando la red del Rosario Viviente.


¿Cómo ser parte del Rosario Viviente?
¡¡Asóciate a un equipo del Rosario Viviente
o forma uno con tus amigos!!
- Aprende los misterios del Rosario.
- Medita el misterio y conoce más de Jesús y la Virgen María y aplícalo a tu vida.
- Reza todos los días el misterio del Rosario que te asigna el animador del equipo, (1Padre Nuestro, 10 Avemaría, el gloria)
- Pon todo tu corazón en la intención por la cual estás rezando la decena del Rosario.
- Ayuda a tus compañeros a no olvidar su compromiso de oración.
- Cada día tus compañeros y tú completarán el rezo de una parte del rosario, cada persona puede hacerlo por separado, desde el lugar donde se encuentre y a la hora que le resulte más conveniente. Por ejemplo si en tu grupo está alguien que vive fuera de tu ciudad desde allí se unirán a ti y a los demás del equipo del Rosario Viviente en la oración del rosario por las misiones y los misioneros.

Sunday, August 31, 2008

EL ARTE CRISTIANO DE ESTE SIGLO XXI. 2008





Arte Cristiano Con Unción Profesional .

(Talentos y Unción es más que un completo y bendecido espectáculo en el cual artistas cristianos han demostrado de cuanto son capaces de dar en función de llevar su mensaje.
Es lo mejor que hemos visto en este plano.


Siete expresiones artísticas distintas confluyendo en una sóla producción 225 artistas en escena, pasajes de Mimo, Teatro Negro, Ballet clásico y moderno, segmentos de musicales que integran actuación canto y baile, girando en torno a un mensaje social que persigue la defensa de la nacionalidad y la aceptación del mensaje liberador de Jesús. Sólo nos queda por exclamar : !Qué se vuelva a repetir, por favor!" . )

Seguir Leyendo... (Por si existía alguna duda sobre la calidad de los artistas jóvenes cristianos fundamentalmente católicos, la presentación el pasado fin de semana de Talentos y Unción 2007, en el Teatro Nacional ha venido a despejar cualquier duda.
Sentía por años, que los artistas católicos no se promueven lo suficiente, que no salen calle al medio a proclamar su arte-mensaje, que insisten en presentarse "en capillña" - donde todos son salvos, al menos teóricamente y que la cancha de los grandes escenarios se ha dejado a las expresiones del arte secular, reforzado en sus formas, en sus vestuarios, e
n la cobertura, pero mayormente carente de valores trascendentes.
Nos alegró profundamente ser testigos de este, el más espectáculo mejor producido profesionalmente que hayamos visto hasta el presente. Teatro E-Fusión y su directorEudys Jesús Cordero y la amplia ga
ma de grupos, ministerios y artistas participantes tienen ahora un motivo no sólo para sentir orgullo. Se trata de más que eso: compromiso. Un compromiso mayor. Llevar ese mensaje, con esa calidad, una milla más allá,


Una Calificación 5.0


El arte católico se puso con excelencia y dignidad a la altura de los grandes escenarios al pasar con notas sobresalientes la prueba más exigente que había enfrentado: un espectáculo en que confluyeron siete disciplinas artísticas, más de 225 artistas en escena, edulcorando un mensaje patriótico y cristiano con gran belleza.Teatro E-Fusión dio un salto profesional que marca su historia al servir de eje a un conjunto de artistas del canto, la danza -clásica y moderna, tanto individual como coreografías grupales , la pantomima, el canto (rock pop, merengue, balada y rap- , el teatro negro, el teatro colectivo de corte popular, el teatro individual, el uso del video, de la fotografía, la poesía coreada y los efectos especiales, que incluyeron el “vuelo” de una actriz representando la República Dominicana conjuntamente con la bandera nacional de mayor tamaño que se haya desplegado en el augusto escenario del Teatro Nacional Eduardo Brito.


Todos los Recursos.


Teatro y Unción representó el más valido trabajo artístico del movimiento católico y para el cual se utilizó profesionalmente todo recurso del arte y la escena: maquillaje, vestuario, diseño de luces, efectos especiales, banda sonora, canciones -usadas tanto grabadas - incluyendo una bellísima del baladista evangélico boricua René González, todo un clásico viviente- como realizadas en vivo, a golpe de piano, o sobre una banda sonora pre-establecida.La presentación mostró como el mensaje cristiano puede valerse del arte de la más alta excelencia para dejarse sentir.Se lucieron como solistas: el niño que actuó teatralmente y cantó con gran seguridad y sentimiento; el joven solista del grupo de mimo, -cantante y mimo de gran expresividad- ; Esther Hernández, -quien sorprendió actuando a quienes la conocían sólo por la ternura de su voz- , esto sin entrar en consideración de los cantantes profesionales y conocidos.


Lo mejor de lo Mejor:


Entre los segmentos de mayor impecabilidad e impacto estuvieron el Teatro Musical, el Teatro Negro, el que estuvo a cargo de un mimo ataviado de seda blanca con un efecto de dos cabezas que realmente impresionó. y la Canción final. Cada uno de estos grupos podría perfectamente presentar una producción de su arte en el mismo Teatro Nacional. Mención aparte merecen las coreografías masivas, espectaculares, extraordinariamente coordinadas, reforzadas con la fuerza de la música, la sincronía corporal y el vestuario tremendamente bien diseñado. Los momentos en que actúan más de 100 personas al tono de la música, haciendo exactamente lo mismo, viviendo su arte, expresandose con sus cuerpos, son inenarrables.
La parte que hay que mejorar....
Desde luego que es desagradable criticar a los amigos. Pero cuando queremos que las caras del arte cristiano crezcan, entonces existe un mayor compromiso con la verdad: El teatro popular no estuvo a la altura. Creo que debió estructurarse un segmento primero más breve, segundo con mayor nivel en sus parlamentos y tercero con un histrionismo de mejor calidad, sin influencia de las comedias meridianas de la televisión-Y ciertamente el Teatro (en la guagua de Fenatrano, de Hubieres) se extendió más del tiempo esperado, le faltó elegancia en los textos y algunos de sus chistes fueron realmente burdos, por lo que recomendamos una revisión y el uso de un bisturí estético en la mesa de pre-producción. Hay allí buenos talentos, pero tienen que elevar el nivel. )

Tomado desde el blog:

http://josersosa.blogspot.com/2007/09/arte-cristiano-con-uncin-profesional.html


La Edad Media [arriba]
8. Los siglos posteriores fueron testigos de un gran desarrollo del arte cristiano. En Oriente continuó floreciendo el arte de los iconos, vinculado a significativos cánones teológicos y estéticos y apoyado en la convicción de que, en cierto sentido, el icono es un sacramento. En efecto, de forma análoga a lo que sucede en los sacramentos, hace presente el misterio de la Encarnación en uno u otro de sus aspectos. Precisamente por esto la belleza del icono puede ser admirada sobre todo dentro de un templo con lámparas que arden, produciendo infinitos reflejos de luz en la penumbra. Escribe al respecto Pavel Florenskij: « El oro, bárbaro, pesado y fútil a la luz difusa del día, se reaviva a la luz temblorosa de una lámpara o de una vela, pues resplandece en miríadas de centellas, haciendo presentir otras luces no terrestres que llenan el espacio celeste ».(14)
En Occidente los puntos de vista de los que parten los artistas son muy diversos, dependiendo en parte de las convicciones de fondo propias del ambiente cultural de su tiempo. El patrimonio artístico que se ha ido formando a lo largo de los siglos cuenta con innumerables obras sagradas de gran inspiración, que provocan una profunda admiración aún en el observador de hoy. Se aprecia, en primer lugar, en las grandes construcciones para el culto, donde la funcionalidad se conjuga siempre con la fantasía, la cual se deja inspirar por el sentido de la belleza y por la intuición del misterio. De aquí nacen los estilos tan conocidos en la historia del arte. La fuerza y la sencillez del románico, expresada en las catedrales o en los monasterios, se va desarrollando gradualmente en la esbeltez y el esplendor del gótico. En estas formas, no se aprecia únicamente el genio de un artista, sino el alma de un pueblo. En el juego de luces y sombras, en las formas a veces robustas y a veces estilizadas, intervienen consideraciones de técnica estructural, pero también las tensiones características de la experiencia de Dios, misterio « tremendo » y « fascinante ». ¿Cómo sintetizar en pocas palabras, y para las diversas expresiones del arte, el poder creativo de los largos siglos del medievo cristiano? Una entera cultura, aunque siempre con las limitaciones propias de todo lo humano, se impregnó del Evangelio y, cuando el pensamiento teológico producía la Summa de Santo Tomás, el arte de las iglesias doblegaba la materia a la adoración del misterio, a la vez que un gran poeta como Dante Alighieri podía componer « el poema sacro, en el que han dejado su huella el cielo y la tierra »,(15) como él mismo llamaba la Divina Comedia.
Humanismo y Renacimiento [arriba]
9. El fértil ambiente cultural en el que surge el extraordinario florecimiento artístico del Humanismo y del Renacimiento, tiene repercusiones significativas también en el modo en que los artistas de este período abordan el tema religioso. Naturalmente, al menos en aquéllos más importantes, las inspiraciones son tan variadas como sus estilos. No es mi intención, sin embargo, recordar cosas que vosotros, artistas, sabéis de sobra. Al escribiros desde este Palacio Apostólico, que es también como un tesoro de obras maestras acaso único en el mundo, quisiera más bien hacerme voz de los grandes artistas que prodigaron aquí las riquezas de su ingenio, impregnado con frecuencia de gran hondura espiritual. Desde aquí habla Miguel Ángel, que en la Capilla Sixtina, desde la Creación al Juicio Universal, ha recogido en cierto modo el drama y el misterio del mundo, dando rostro a Dios Padre, a Cristo juez y al hombre en su fatigoso camino desde los orígenes hasta el final de la historia. Desde aquí habla el genio delicado y profundo de Rafael, mostrando en la variedad de sus pinturas, y especialmente en la « Disputa » del Apartamento de la Signatura, el misterio de la revelación del Dios Trinitario, que en la Eucaristía se hace compañía del hombre y proyecta luz sobre las preguntas y las expectativas de la inteligencia humana. Desde aquí, desde la majestuosa Basílica dedicada al Príncipe de los Apóstoles, desde la columnata que arranca de sus puertas como dos brazos abiertos para acoger a la humanidad, siguen hablando aún Bramante, Bernini, Borromini o Maderno, por citar sólo los más grandes, ofreciendo plásticamente el sentido del misterio que hace de la Iglesia una comunidad universal, hospitalaria, madre y compañera de viaje de cada hombre en la búsqueda de Dios.
El arte sagrado ha encontrado en este extraordinario complejo una expresión de excepcional fuerza, alcanzando niveles de imperecedero valor estético y religioso a la vez. Sea bajo el impulso del Humanismo y del Renacimiento, sea por influjo de las sucesivas tendencias de la cultura y de la ciencia, su característica más destacada es el creciente interés por el hombre, el mundo y la realidad de la historia. Este interés, por sí mismo, en modo alguno supone un peligro para la fe cristiana, centrada en el misterio de la Encarnación y, por consiguiente, en la valoración del hombre por parte de Dios. Lo demuestran precisamente los grandes artistas apenas mencionados. Baste pensar en el modo en que Miguel Ángel expresa, en sus pinturas y esculturas, la belleza del cuerpo humano.(16)
Por lo demás, en el nuevo ambiente de los últimos siglos, donde parece que parte de la sociedad se ha hecho indiferente a la fe, tampoco el arte religioso ha interrumpido su camino. La constatación se amplía si, de las artes figurativas, pasamos a considerar el gran desarrollo que también en este período de tiempo ha tenido la música sagrada, compuesta para las celebraciones litúrgicas o vinculada al menos a temas religiosos. Además de tantos artistas que se han dedicado preferentemente a ella -¿cómo no recordar a Pier Luigi da Palestrina, a Orlando di Lasso y Tomás Luis de Victoria-, es bien sabido que muchos grandes compositores -desde Händel a Bach, desde Mozart a Schubert, desde Beethoven a Berlioz, desde Liszt a Verdi- nos han dejado asimismo obras de gran inspiración en este campo.
Hacia un diálogo renovado [arriba]
10. Es cierto, sin embargo, que en la edad moderna, junto a este humanismo cristiano que ha seguido produciendo significativas obras de cultura y arte, se ha ido también afirmando progresivamente una forma de humanismo caracterizado por la ausencia de Dios y con frecuencia por la oposición a Él. Este clima ha llevado a veces a una cierta separación entre el mundo del arte y el de la fe, al menos en el sentido de un menor interés en muchos artistas por los temas religiosos.
Vosotros sabéis que, a pesar de ello, la Iglesia ha seguido alimentando un gran aprecio por el valor del arte como tal. En efecto, el arte, incluso más allá de sus expresiones más típicamente religiosas, cuando es auténtico, tiene una íntima afinidad con el mundo de la fe, de modo que, hasta en las condiciones de mayor desapego de la cultura respecto a la Iglesia, precisamente el arte continúa siendo una especie de puente tendido hacia la experiencia religiosa. En cuanto búsqueda de la belleza, fruto de una imaginación que va más allá de lo cotidiano, es por su naturaleza una especie de llamada al Misterio. Incluso cuando escudriña las profundidades más oscuras del alma o los aspectos más desconcertantes del mal, el artista se hace de algún modo voz de la expectativa universal de redención.
Se comprende así el especial interés de la Iglesia por el diálogo con el arte y su deseo de que en nuestro tiempo se realice una nueva alianza con los artistas, como auspiciaba mi venerado predecesor Pablo VI en su vibrante discurso dirigido a los artistas durante el singular encuentro en la Capilla Sixtina el 7 de mayo de 1964.(17) La Iglesia espera que de esta colaboración surja una renovada « epifanía » de belleza para nuestro tiempo, así como respuestas adecuadas a las exigencias propias de la comunidad cristiana.
En el espíritu del Concilio Vaticano II [arriba]
11. El Concilio Vaticano II ha puesto las bases de una renovada relación entre la Iglesia y la cultura, que tiene inmediatas repercusiones también en el mundo del arte. Es una relación que se presenta bajo el signo de la amistad, de la apertura y del diálogo. En la Constitución pastoral Gaudium et Spes, los Padres conciliares subrayaron la « gran importancia » de la literatura y las artes en la vida del hombre: « También la literatura y el arte tienen gran importancia para la vida de la Iglesia, ya que pretenden estudiar la índole propia del hombre, sus problemas y su experiencia en el esfuerzo por conocerse mejor y perfeccionarse a sí mismo y al mundo; se afanan por descubrir su situación en la historia y en el universo, por iluminar las miserias y los gozos, las necesidades y las capacidades de los hombres, y por diseñar un mejor destino para el hombre ».(18)
Sobre esta base, al concluir el Concilio, los Padres dirigieron un saludo y una llamada a los artistas: « Este mundo en que vivimos -decían- tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, pone alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso que resiste a la usura del tiempo, que une a las generaciones y las hace comunicarse en la admiración ».(19) Precisamente en este espíritu de estima profunda por la belleza, la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia había recordado la histórica amistad de la Iglesia con el arte y, hablando más específicamente del arte sacro, « cumbre » del arte religioso, no dudó en considerar « noble ministerio » a la actividad de los artistas cuando sus obras son capaces de reflejar de algún modo la infinita belleza de Dios y de dirigir el pensamiento de los hombres hacia Él.(20) También por su aportación « se manifiesta mejor el conocimiento de Dios » y « la predicación evangélica se hace más transparente a la inteligencia humana ».(21) A la luz de esto, no debe sorprender la afirmación del P. Marie Dominique Chenu, según la cual el historiador de la teología haría un trabajo incompleto si no reservara la debida atención a las realizaciones artísticas, tanto literarias como plásticas, que a su manera no son « solamente ilustraciones estéticas, sino verdaderos "lugares" teológicos ».(22)
La Iglesia tiene necesidad del arte [arriba]
12. Para transmitir el mensaje que Cristo le ha confiado, la Iglesia tiene necesidad del arte. En efecto, debe hacer perceptible, más aún, fascinante en lo posible, el mundo del espíritu, de lo invisible, de Dios. Debe por tanto acuñar en fórmulas significativas lo que en sí mismo es inefable. Ahora bien, el arte posee esa capacidad peculiar de reflejar uno u otro aspecto del mensaje, traduciéndolo en colores, formas o sonidos que ayudan a la intuición de quien contempla o escucha. Todo esto, sin privar al mensaje mismo de su valor trascendente y de su halo de misterio.
La Iglesia necesita, en particular, de aquellos que sepan realizar todo esto en el ámbito literario y figurativo, sirviéndose de las infinitas posibilidades de las imágenes y de sus connotaciones simbólicas. Cristo mismo ha utilizado abundantemente las imágenes en su predicación, en plena coherencia con la decisión de ser Él mismo, en la Encarnación, icono del Dios invisible.
La Iglesia necesita también de los músicos. ¡Cuántas piezas sacras han compuesto a lo largo de los siglos personas profundamente imbuidas del sentido del misterio! Innumerables creyentes han alimentado su fe con las melodías surgidas del corazón de otros creyentes, que han pasado a formar parte de la liturgia o que, al menos, son de gran ayuda para el decoro de su celebración. En el canto, la fe se experimenta como exuberancia de alegría, de amor, de confiada espera en la intervención salvífica de Dios.
La Iglesia tiene necesidad de arquitectos, porque requiere lugares para reunir al pueblo cristiano y celebrar los misterios de la salvación. Tras las terribles destrucciones de la última guerra mundial y la expansión de las metrópolis, muchos arquitectos de la nueva generación se han fraguado teniendo en cuenta las exigencias del culto cristiano, confirmando así la capacidad de inspiración que el tema religioso posee, incluso por lo que se refiere a los criterios arquitectónicos de nuestro tiempo. En efecto, no pocas veces se han construido templos que son, a la vez, lugares de oración y auténticas obras de arte.
El arte, ¿tiene necesidad de la Iglesia? [arriba]
13. La Iglesia, pues, tiene necesidad del arte. Pero, ¿se puede decir también que el arte necesita a la Iglesia? La pregunta puede parecer provocadora. En realidad, si se entiende de manera apropiada, tiene una motivación legítima y profunda. El artista busca siempre el sentido recóndito de las cosas y su ansia es conseguir expresar el mundo de lo inefable. ¿Cómo ignorar, pues, la gran inspiración que le puede venir de esa especie de patria del alma que es la religión? ¿No es acaso en el ámbito religioso donde se plantean las más importantes preguntas personales y se buscan las respuestas existenciales definitivas?
De hecho, los temas religiosos son de los más tratados por los artistas de todas las épocas. La Iglesia ha recurrido a su capacidad creativa para interpretar el mensaje evangélico y su aplicación concreta en la vida de la comunidad cristiana. Esta colaboración ha dado lugar a un mutuo enriquecimiento espiritual. En definitiva, ha salido beneficiada la comprensión del hombre, de su imagen auténtica, de su verdad. Se ha puesto de relieve también una peculiar relación entre el arte y la revelación cristiana. Esto no quiere decir que el genio humano no haya sido incentivado también por otros contextos religiosos. Baste recordar el arte antiguo, especialmente griego y romano, o el todavía floreciente de las antiquísimas civilizaciones del Oriente. Sin embargo, sigue siendo verdad que el cristianismo, en virtud del dogma central de la Encarnación del Verbo de Dios, ofrece al artista un horizonte particularmente rico de motivos de inspiración. ¡Cómo se empobrecería el arte si se abandonara el filón inagotable del Evangelio!
Llamada a los artistas [arriba]
14. Con esta Carta me dirijo a vosotros, artistas del mundo entero, para confirmaros mi estima y para contribuir a reanudar
una más provechosa cooperación entre el arte y la Iglesia. La mía es una invitación a redescubrir la profundidad de la dimensión espiritual y religiosa que ha caracterizado el arte en todos los tiempos, en sus más nobles formas expresivas. En este sentido os dirijo una llamada a vosotros, artistas de la palabra escrita y oral, del teatro y de la música, de las artes plásticas y de las más modernas tecnologías de la comunicación. Hago una llamada especial a los artistas cristianos. Quiero recordar a cada uno de vosotros que la alianza establecida desde siempre entre el Evangelio y el arte, más allá de las exigencias funcionales, implica la invitación a adentrarse con intuición creativa en el misterio del Dios encarnado y, al mismo tiempo, en el misterio del hombre.
Todo ser humano es, en cierto sentido, un desconocido para sí mismo. Jesucristo no solamente revela a Dios, sino que « manifiesta plenamente el hombre al propio hombre ».(23) En Cristo, Dios ha reconciliado consigo al mundo. Todos los creyentes están llamados a dar testimonio de ello; pero os toca a vosotros, hombres y mujeres que habéis dedicado vuestra vida al arte, decir con la riqueza de vuestra genialidad que en Cristo el mundo ha sido redimido: redimido el hombre, redimido el cuerpo humano, redimida la creación entera, de la cual san Pablo ha escrito que espera ansiosa « la revelación de los hijos de Dios » (Rm 8, 19). Espera la revelación de los hijos de Dios también mediante el arte y en el arte. Ésta es vuestra misión. En contacto con las obras de arte, la humanidad de todos los tiempos -también la de hoy- espera ser iluminada sobre el propio rumbo y el propio destino.
Espíritu creador e inspiración artística [arriba]
15. En la Iglesia resuena con frecuencia la invocación al Espíritu Santo: Veni, Creator Spiritus... ­ « Ven, Espíritu creador, visita las almas de tus fieles y llena de la divina gracia los corazones que Tú mismo creaste ».(24)
El Espíritu Santo, « el soplo » (ruah), es Aquél al que se refiere el libro del Génesis: « La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas » (1, 2). Hay una gran afinidad entre las palabras « soplo - espiración » e « inspiración ». El Espíritu es el misterioso artista del universo. En la perspectiva del tercer milenio, quisiera que todos los artistas reciban abundantemente el don de las inspiraciones creativas, de las que surge toda auténtica obra de arte.
Queridos artistas, sabéis muy bien que hay muchos estímulos, interiores y exteriores, que pueden inspirar vuestro talento. No obstante, en toda inspiración auténtica hay una cierta vibración de aquel « soplo » con el que el Espíritu creador impregnaba desde el principio la obra de la creación. Presidiendo sobre las misteriosas leyes que gobiernan el universo, el soplo divino del Espíritu creador se encuentra con el genio del hombre, impulsando su capacidad creativa. Lo alcanza con una especie de iluminación interior, que une al mismo tiempo la tendencia al bien y a lo bello, despertando en él las energías de la mente y del corazón, y haciéndolo así apto para concebir la idea y darle forma en la obra de arte. Se habla justamente entonces, si bien de manera análoga, de « momentos de gracia », porque el ser humano es capaz de tener una cierta experiencia del Absoluto que le transciende.
La « Belleza » que salva [arriba]
16. Ya en los umbrales del tercer milenio, deseo a todos vosotros, queridos artistas, que os lleguen con particular intensidad estas inspiraciones creativas. Que la belleza que transmitáis a las generaciones del mañana provoque asombro en ellas. Ante la sacralidad de la vida y del ser humano, ante las maravillas del universo, la única actitud apropiada es el asombro.
De esto, desde el asombro, podrá surgir aquel entusiasmo del que habla Norwid en el poema al que me refería al comienzo. Los hombres de hoy y de mañana tienen necesidad de este entusiasmo para afrontar y superar los desafíos cruciales que se avistan en el horizonte. Gracias a él la humanidad, después de cada momento de extravío, podrá ponerse en pie y reanudar su camino. Precisamente en este sentido se ha dicho, con profunda intuición, que « la belleza salvará al mundo ».(25)
La belleza es clave del misterio y llamada a lo trascendente. Es una invitación a gustar la vida y a soñar el futuro. Por eso la belleza de las cosas creadas no puede saciar del todo y suscita esa arcana nostalgia de Dios que un enamorado de la belleza como san Agustín ha sabido interpretar de manera inigualable: « ¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé! ».(26)
Os deseo, artistas del mundo, que vuestros múltiples caminos conduzcan a todos hacia aquel océano infinito de belleza, en el que el asombro se convierte en admiración, embriaguez, gozo indecible.
Que el misterio de Cristo resucitado, con cuya contemplación exulta en estos días la Iglesia, os inspire y oriente.
Que os acompañe la Santísima Virgen, la « tota pulchra » que innumerables artistas han plasmado y que el gran Dante contempla en el fulgor del Paraíso como « belleza, que alegraba los ojos de todos los otros santos ».(27)
« Surge del caos el mundo del espíritu ». Las palabras que Adam Michiewicz escribía en un momento de gran prueba para la patria polaca,(28) me sugieren un auspicio para vosotros: que vuestro arte contribuya a la consolidación de una auténtica belleza que, casi como un destello del Espíritu de Dios, transfigure la materia, abriendo las almas al sentido de lo eterno.
Con mis mejores deseos.
Vaticano, 4 de abril de 1999, Pascua de Resurrección.

La ley del Antiguo Testamento presenta una prohibición explícita de representar a Dios invisible e inexpresable con la ayuda de una « imagen esculpida o de metal fundido » (Dt 27, 25), porque Dios transciende toda representación material: « Yo soy el que soy » (Ex 3, 14). Sin embargo, en el misterio de la Encarnación el Hijo de Dios en persona se ha hecho visible: « Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer» (Ga 4, 4). Dios se hizo hombre en Jesucristo, el cual ha pasado a ser así « el punto de referencia para comprender el enigma de la existencia humana, del mundo creado y de Dios mismo».(6)
Esta manifestación fundamental del «Dios-Misterio» aparece como animación y desafío para los cristianos, incluso en el plano de la creación artística. De ello se deriva un desarrollo de la belleza que ha encontrado su savia precisamente en el misterio de la Encarnación. En efecto, el Hijo de Dios, al hacerse hombre, ha introducido en la historia de la humanidad toda la riqueza evangélica de la verdad y del bien, y con ella ha manifestado también una nueva dimensión de la belleza, de la cual el mensaje evangélico está repleto.
La Sagrada Escritura se ha convertido así en una especie de « inmenso vocabulario » (P. Claudel) y de « Atlas iconográfico » (M. Chagall) del que se han nutrido la cultura y el arte cristianos. El mismo Antiguo Testamento, interpretado a la luz del Nuevo, ha dado lugar a inagotables filones de inspiración. A partir de las narraciones de la creación, del pecado, del diluvio, del ciclo de los Patriarcas, de los acontecimientos del éxodo, hasta tantos otros episodios y personajes de la historia de la salvación, el texto bíblico ha inspirado la imaginación de pintores, poetas, músicos, autores de teatro y de cine. Una figura como la de Job, por citar sólo un ejemplo, con su desgarradora y siempre actual problemática del dolor, continúa suscitando el interés filosófico, literario y artístico. Y ¿qué decir del Nuevo Testamento? Desde la Navidad al Gólgota, desde la Transfiguración a la Resurrección, desde los milagros a las enseñanzas de Cristo, llegando hasta los acontecimientos narrados en los Hechos de los Apóstoles o los descritos por el Apocalipsis en clave escatológica, la palabra bíblica se ha hecho innumerables veces imagen, música o poesía, evocando con el lenguaje del arte el misterio del « Verbo hecho carne ».
Todo ello constituye un vasto capítulo de fe y belleza en la historia de la cultura, del que se han beneficiado especialmente los creyentes en su experiencia de oración y de vida. Para muchos de ellos, en épocas de escasa alfabetización, las expresiones figurativas de la Biblia representaron incluso una concreta mediación catequética.(7) Pero para todos, creyentes o no, las obras inspiradas en la Escritura son un reflejo del misterio insondable que rodea y está presente en el mundo.
Alianza fecunda entre Evangelio y arte [arriba]
6. La auténtica intuición artística va más allá de lo que perciben los sentidos y, penetrando la realidad, intenta interpretar su misterio escondido. Dicha intuición brota de lo más íntimo del alma humana, allí donde la aspiración a dar sentido a la propia vida se ve acompañada por la percepción fugaz de la belleza y de la unidad misteriosa de las cosas. Todos los artistas tienen en común la experiencia de la distancia insondable que existe entre la obra de sus manos, por lograda que sea, y la perfección fulgurante de la belleza percibida en el fervor del momento creativo: lo que logran expresar en lo que pintan, esculpen o crean es sólo un tenue reflejo del esplendor que durante unos instantes ha brillado ante los ojos de su espíritu.
El creyente no se maravilla de esto: sabe que por un momento se ha asomado al abismo de luz que tiene su fuente originaria en Dios. ¿Acaso debe sorprenderse de que el espíritu quede como abrumado hasta el punto de no poder expresarse sino con balbuceos? El verdadero artista está dispuesto a reconocer su limitación y hacer suyas las palabras del apóstol Pablo, según el cual « Dios no habita en santuarios fabricados por manos humanas », de modo que « no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano » (Hch 17, 24.29). Si ya la realidad íntima de las cosas está siempre « más allá » de las capacidades de penetración humana, ¡cuánto más Dios en la profundidad de su insondable misterio!
El conocimiento de la fe es de otra naturaleza. Supone un encuentro personal con Dios en Jesucristo. Este conocimiento, sin embargo, puede también enriquecerse a través de la intuición artística. Un modelo elocuente de contemplación estética que se sublima en la fe son, por ejemplo, las obras del Beato Angélico. A este respecto, es muy significativa la lauda extática que San Francisco de Asís repite dos veces en la chartula compuesta después de haber recibido en el monte Verna los estigmas de Cristo: «¡Tú eres belleza... Tú eres belleza! ».(8) San Buenaventura comenta: « Contemplaba en las cosas bellas al Bellísimo y, siguiendo las huellas impresas en las criaturas, seguía a todas partes al Amado».(9)
Una sensibilidad semejante se encuentra en la espiritualidad oriental, donde Cristo es calificado como « el Bellísimo, de belleza superior a todos los mortales ».(10) Macario el Grande comenta del siguiente modo la belleza transfigurante y liberadora del Resucitado: «El alma que ha sido plenamente iluminada por la belleza indecible de la gloria luminosa del rostro de Cristo, está llena del Espíritu Santo... es toda ojo, toda luz, toda rostro».(11)
Toda forma auténtica de arte es, a su modo, una vía de acceso a la realidad más profunda del hombre y del mundo. Por ello, constituye un acercamiento muy válido al horizonte de la fe, donde la vicisitud humana encuentra su interpretación completa. Este es el motivo por el que la plenitud evangélica de la verdad suscitó desde el principio el interés de los artistas, particularmente sensibles a todas las manifestaciones de la íntima belleza de la realidad.
Los principios [arriba]
7. El arte que el cristianismo encontró en sus comienzos era el fruto maduro del mundo clásico, manifestaba sus cánones estéticos y, al mismo tiempo, transmitía sus valores. La fe imponía a los cristianos, tanto en el campo de la vida y del pensamiento como en el del arte, un discernimiento que no permitía una recepción automática de este patrimonio. Así, el arte de inspiración cristiana comenzó de forma silenciosa, estrechamente vinculado a la necesidad de los creyentes de buscar signos con los que expresar, basándose en la Escritura, los misterios de la fe y de disponer al mismo tiempo de un « código simbólico », gracias al cual poder reconocerse e identificarse, especialmente en los tiempos difíciles de persecución. ¿Quién no recuerda aquellos símbolos que fueron también los primeros inicios de un arte pictórico o plástico? El pez, los panes o el pastor evocaban el misterio, llegando a ser, casi insensiblemente, los esbozos de un nuevo arte.
Cuando, con el edicto de Constantino, se permitió a los cristianos expresarse con plena libertad, el arte se convirtió en un cauce privilegiado de manifestación de la fe. Comenzaron a aparecer majestuosas basílicas, en las que se asumían los cánones arquitectónicos del antiguo paganismo, plegándolos a su vez a las exigencias del nuevo culto. ¿Cómo no recordar, al menos, las antiguas Basílicas de San Pedro y de San Juan de Letrán, construidas por cuenta del mismo Constantino, o ese esplendor del arte bizantino, la Haghia Sophia de Constantinopla, querida por Justiniano?
Mientras la arquitectura diseñaba el espacio sagrado, la necesidad de contemplar el misterio y de proponerlo de forma inmediata a los sencillos suscitó progresivamente las primeras manifestaciones de la pintura y la escultura. Surgían al mismo tiempo los rudimentos de un arte de la palabra y del sonido. Y, mientras Agustín incluía entre los numerosos temas de su producción un de música, Hilario, Ambrosio, Prudencio, Efrén el Sirio, Gregorio Nacianceo y Paulino de Nola, por citar sólo algunos nombres, se hacían promotores de una poesía cristiana, que con frecuencia alcanzaba un alto valor no sólo teológico, sino también literario. Su programa poético valoraba las formas heredadas de los clásicos, pero se inspiraba en la savia pura del Evangelio, como sentenciaba con acierto el santo poeta de Nola: « Nuestro único arte es la fe y Cristo nuestro canto ».(12) Por su parte, Gregorio Magno, con la compilación del Antiphonarium, ponía poco después las bases para el desarrollo orgánico de una música sagrada tan original que de él ha tomado su nombre. Con sus inspiradas modulaciones el Canto gregoriano se convertirá con los siglos en la expresión melódica característica de la fe de la Iglesia en la celebración litúrgica de los sagrados misterios. Lo « bello » se conjugaba así con lo « verdadero », para que también a través de las vías del arte los ánimos fueran llevados de lo sensible a lo eterno.
En este itinerario no faltaron momentos difíciles. Precisamente la antigüedad conoció una áspera controversia sobre la representación del misterio cristiano, que ha pasado a la historia con el nombre de « lucha iconoclasta ». Las imágenes sagradas, muy difundidas en la devoción del pueblo de Dios, fueron objeto de una violenta contestación. El Concilio celebrado en Nicea el año 787, que estableció la licitud de las imágenes y de su culto, fue un acontecimiento histórico no sólo para la fe, sino también para la cultura misma. El argumento decisivo que invocaron los Obispos para dirimir la discusión fue el misterio de la Encarnación: si el Hijo de Dios ha entrado en el mundo de las realidades visibles, tendiendo un puente con su humanidad entre lo visible y lo invisible, de forma análoga se puede pensar que una representación del misterio puede ser usada, en la lógica del signo, como evocación sensible del misterio. El icono no se venera por sí mismo, sino que lleva al sujeto representado.(13)
La Edad Media [arriba]


Escribe un conocido poeta polaco, Cyprian Norwid: « La belleza sirve para entusiasmar en el trabajo, el trabajo para resurgir ».(3)
El tema de la belleza es propio de una reflexión sobre el arte. Ya se ha visto cuando he recordado la mirada complacida de Dios ante la creación. Al notar que lo que había creado era bueno, Dios vio también que era bello.(4) La relación entre bueno y bello suscita sugestivas reflexiones. La belleza es en un cierto sentido la expresión visible del bien, así como el bien es la condición metafísica de la belleza. Lo habían comprendido acertadamente los griegos que, uniendo los dos conceptos, acuñaron una palabra que comprende a ambos: « kalokagathia », es decir « belleza-bondad ». A este respecto escribe Platón: « La potencia del Bien se ha refugiado en la naturaleza de lo Bello ».(5)
El modo en que el hombre establece la propia relación con el ser, con la verdad y con el bien, es viviendo y trabajando. El artista vive una relación peculiar con la belleza. En un sentido muy real puede decirse que la belleza es la vocación a la que el Creador le llama con el don del « talento artístico ». Y, ciertamente, también éste es un talento que hay que desarrollar según la lógica de la parábola evangélica de los talentos (cf. Mt 25, 14-30).
Entramos aquí en un punto esencial. Quien percibe en sí mismo esta especie de destello divino que es la vocación artística -de poeta, escritor, pintor, escultor, arquitecto, músico, actor, etc.- advierte al mismo tiempo la obligación de no malgastar ese talento, sino de desarrollarlo para ponerlo al servicio del prójimo y de toda la humanidad.
El artista y el bien común [arriba]
4. La sociedad, en efecto, tiene necesidad de artistas, del mismo modo que tiene necesidad de científicos, técnicos, trabajadores, profesionales, así como de testigos de la fe, maestros, padres y madres, que garanticen el crecimiento de la persona y el desarrollo de la comunidad por medio de ese arte eminente que es el « arte de educar ». En el amplio panorama cultural de cada nación, los artistas tienen su propio lugar. Precisamente porque obedecen a su inspiración en la realización de obras verdaderamente válidas y bellas, non sólo enriquecen el patrimonio cultural de cada nación y de toda la humanidad, sino que prestan un servicio social cualificado en beneficio del bien común.
La diferente vocación de cada artista, a la vez que determina el ámbito de su servicio, indica las tareas que debe asumir, el duro trabajo al que debe someterse y la responsabilidad que debe afrontar. Un artista consciente de todo ello sabe también que ha de trabajar sin dejarse llevar por la búsqueda de la gloria banal o la avidez de una fácil popularidad, y menos aún por la ambición de posibles ganancias personales. Existe, pues, una ética, o más bien una « espiritualidad » del servicio artístico que de un modo propio contribuye a la vida y al renacimiento de un pueblo. Precisamente a esto parece querer aludir Cyprian Norwid cuando afirma: « La belleza sirve para entusiasmar en el trabajo, el trabajo para resurgir».



No todos están llamados a ser artistas en el sentido específico de la palabra. Sin embargo, según la expresión del Génesis, a cada hombre se le confía la tarea de ser artífice de la propia vida; en cierto modo, debe hacer de ella una obra de arte, una obra maestra.
Es importante entender la distinción, pero también la conexión, entre estas dos facetas de la actividad humana. La distinción es evidente. En efecto, una cosa es la disposición por la cual el ser humano es autor de sus propios actos y responsable de su valor moral, y otra la disposición por la cual es artista y sabe actuar según las exigencias del arte, acogiendo con fidelidad sus dictámenes específicos.(2) Por eso el artista es capaz de producir objetos, pero esto, de por sí, nada dice aún de sus disposiciones morales. En efecto, en este caso, no se trata de realizarse uno mismo, de formar la propia personalidad, sino solamente de poner en acto las capacidades operativas, dando forma estética a las ideas concebidas en la mente.
Pero si la distinción es fundamental, no lo es menos la conexión entre estas dos disposiciones, la moral y la artística. Éstas se condicionan profundamente de modo recíproco. En efecto, al modelar una obra el artista se expresa a sí mismo hasta el punto de que su producción es un reflejo singular de su mismo ser, de lo que él es y de cómo es. Esto se confirma en la historia de la humanidad, pues el artista, cuando realiza una obra maestra, no sólo da vida a su obra, sino que por medio de ella, en cierto modo, descubre también su propia personalidad. En el arte encuentra una dimensión nueva y un canal extraordinario de expresión para su crecimiento espiritual. Por medio de las obras realizadas, el artista habla y se comunica con los otros. La historia del arte, por ello, no es sólo historia de las obras, sino también de los hombres. Las obras de arte hablan de sus autores, introducen en el conocimiento de su intimidad y revelan la original contribución que ofrecen a la historia de la cultura.



1. Nadie mejor que vosotros, artistas, geniales constructores de belleza, puede intuir algo del pathos con el que Dios, en el alba de la creación, contempló la obra de sus manos. Un eco de aquel sentimiento se ha reflejado infinitas veces en la mirada con que vosotros, al igual que los artistas de todos los tiempos, atraídos por el asombro del ancestral poder de los sonidos y de las palabras, de los colores y de las formas, habéis admirado la obra de vuestra inspiración, descubriendo en ella como la resonancia de aquel misterio de la creación a la que Dios, único creador de todas las cosas, ha querido en cierto modo asociaros.
Por esto me ha parecido que no hay palabras más apropiadas que las del Génesis para comenzar esta Carta dirigida a vosotros, a quienes me siento unido por experiencias que se remontan muy atrás en el tiempo y han marcado de modo indeleble mi vida. Con este texto quiero situarme en el camino del fecundo diálogo de la Iglesia con los artistas que en dos mil años de historia no se ha interrumpido nunca, y que se presenta también rico de perspectivas de futuro en el umbral del tercer milenio.
En realidad, se trata de un diálogo no solamente motivado por circunstancias históricas o por razones funcionales, sino basado en la esencia misma tanto de la experiencia religiosa como de la creación artística. La página inicial de la Biblia nos presenta a Dios casi como el modelo ejemplar de cada persona que produce una obra: en el hombre artífice se refleja su imagen de Creador. Esta relación se pone en evidencia en la lengua polaca, gracias al parecido en el léxico entre las palabras stwóeca (creador) y twórcam (artífice).
¿Cuál es la diferencia entre « creador » y « artífice »? El que crea da el ser mismo, saca alguna cosa de la nada -ex nihilo sui et subiecti, se dice en latín- y esto, en sentido estricto, es el modo de proceder exclusivo del Omnipotente. El artífice, por el contrario, utiliza algo ya existente, dándole forma y significado. Este modo de actuar es propio del hombre en cuanto imagen de Dios. En efecto, después de haber dicho que Dios creó el hombre y la mujer « a imagen suya » (cf. Gn 1, 27), la Biblia añade que les confió la tarea de dominar la tierra (cf. Gn 1, 28). Fue en el último día de la creación (cf. Gn 1, 28-31). En los días precedentes, como marcando el ritmo de la evolución cósmica, el Señor había creado el universo. Al final creó al hombre, el fruto más noble de su proyecto, al cual sometió el mundo visible como un inmenso campo donde expresar su capacidad creadora.
Así pues, Dios ha llamado al hombre a la existencia, transmitiéndole la tarea de ser artífice. En la « creación artística » el hombre se revela más que nunca « imagen de Dios » y lleva a cabo esta tarea ante todo plasmando la estupenda « materia » de la propia humanidad y, después, ejerciendo un dominio creativo sobre el universo que le rodea. El Artista divino, con admirable condescendencia, trasmite al artista humano un destello de su sabiduría trascendente, llamándolo a compartir su potencia creadora. Obviamente, es una participación que deja intacta la distancia infinita entre el Creador y la criatura, como señalaba el Cardenal Nicolás de Cusa: « El arte creador, que el alma tiene la suerte de alojar, no se identifica con aquel arte por esencia que es Dios, sino que es solamente una comunicación y una participación del mismo ».(1)
Por esto el artista, cuanto más consciente es de su « don », tanto más se siente movido a mirar hacia sí mismo y hacia toda la creación con ojos capaces de contemplar y de agradecer, elevando a Dios su himno de alabanza. Sólo así puede comprenderse a fondo a sí mismo, su propia vocación y misión.

Sunday, August 17, 2008

MEDITEMOS SIMBOLICAMENTE . LA MUJER SAMARITANA. 2008


Todos conocemos aquel pasaje de la Biblia en que Jesús atravesaba Samaria. Era mediodía, y Jesús, cansado del camino, se sentó junto al brocal de un pozo. Me imagino unos árboles gigantescos, que daban un estupenda sombra, un pozo que se antojaba precisamente por el calor, por la sed que sentía Jesús. Y, mientras sus discípulos iban a comprar de comer, Él se quedó allí sentado. Aquí ya hay una aplicación a nuestra vida: Jesús sentado o, por lo menos, junto al camino de tu vida. ¿Cuanto tiempo te habrá estado esperando Jesucristo? ¿Para qué? Para que llegues, quizás, con tu cántaro vacío. Todos los días vas a buscar agua como aquella mujer samaritana, una agua que, quizás, no te llena, que no te sacia, más aun, que cada vez te deja mas sediento. Y ya sabes lo que significa esa agua que no te quita la sed: son todas aquellas cosas materiales que no son Dios.Cuando la samaritana, con su cántaro en la cadera o en la cabeza, se acercó al pozo, vio que había allí un judío y, como no se trataban los samaritanos y los judíos, pensó tomar el agua, no dirigirle ni una palabra y regresarse a la ciudad. Por eso, Jesús comienza un diálogo difícil, pidiéndole: “¡Dame de beber!” La sorpresa fue mayúscula en la cara de esta mujer. “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?” Esta expresión la podemos nosotros traducir de esta manera: “Mira, Señor, déjame tranquilo tal como estoy. Puede que no ande muy bien, pero prefiero seguir así y no complicarme la vida. ¡Dame de beber! Dios tiene sed, y tú puedes calmar esa sed. Jesús le responde: “Si conocieras el don de Dios y quién te pide de beber, tú le pedirías a Él, y Él te daría agua viva”. Si conocieras el don de Dios... Esta frase es muy profunda; quería decir: No conoces. De hecho, no conocemos lo que significa ser cristianos; pensamos que equivale a cumplir una larga y pesada serie de mandamientos, y no a vivir una entrañable amistad con Cristo, Dios y Hombre. Consideramos el cristianismo una religión aburrida y sosa, y no algo interesantísimo, emocionante, capaz de transformar a un hombre o a una mujer y de hacerlos profundamente felices y fuertes.¿Cuándo llegará ese día feliz, en que conozcamos el don de Dios? Los que lo conocen, no lo olvidan jamás. Como decía Charles de Foucault: “Desde que conocí a Dios, no pude menos que entregarme a Él”.“SI conocieras...” También Jesús nos dice esta expresión: Si conocieras quién es el que te pide de beber. No conocemos a Cristo y, por eso, no lo amamos; le seguimos muy a regañadientes. Es evidente que nadie ama lo que no conoce. A lo sumo conocemos a un Cristo de cartón, aprendido de memoria, algo así como una pieza de museo, un Cristo aguafiestas, poco simpático; pero ese Cristo que está en tu mente no existe, es falso; por eso no te mueve. Ciertamente que el Cristo que arrastró a San Pablo, a Santa Teresa, a María Magdalena, a todos los santos, no fue un Cristo de cartón, sino un Cristo vivo, el Cristo del Evangelio: Cristo, Dios y Hombre, el que es la medida exacta de nuestras aspiraciones, que llena de felicidad, que le da pleno sentido a la vida; un Cristo que es el ideal de la vida, y será algún un día el premio, nuestro premio eterno. Ese Cristo se conoce o no hay nada que hacer. Cuando se conoce verdaderamente a ese Jesús, el hombre o mujer más vulgares y miserables se transforman en santos. Ahí está María Magdalena, una mujer pública convertida en santa; ahí está Agustín, aquel hombre inquieto y vicioso que, al convertirse dijo: “Tarde te amé, ¡oh Belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé!”. Como diciendo: ¡Lástima de haber perdido treinta y un años sin conocerte y sin amarte! O lo que decía el profeta Jeremías: “Tú me sedujiste, Señor, y yo me dejé seducir”.Jesús dice: “Si conocieras...pedirías, y Él te daría...” Le pedirías de rodillas, con lágrimas, con angustia todos los días hasta alcanzarlo. Pero también se puede decir: Si no conoces, no pides, y no te dan. Él te daría agua viva... El agua viva significa todo lo más hermoso y todo lo más grande que podamos tener en la vida: la gracia, la conversión, la salvación eterna y el sentido profundo de la existencia, la felicidad verdadera. Todo esto te interesa, es lo más importante para ti. Pues bien, el te daría todo esto, si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber.Tu le pedirías a Él, y Él te daría esa agua viva. A mí me ha tocado en bastantes ejercicios espirituales participar en experiencias de almas que han encontrado esa “agua viva” y así, por ejemplo, quiero leer algún cuestionario de algunas de estas almas que han hecho la experiencia. Por ejemplo la de este hombre, que escribe una carta a Dios: “Hasta dónde tuve que llegar para voltear a ti. Cómo se necesitó me enviaras un mensaje tan marcado para que viera yo que lo único verdadero y valedero en este mundo eres Tú. Cuando vi a mis ofensores dispuestos a matarme, jamás pensé que allí estuvieras Tú. El llegar a mí en esa forma fue algo realmente muy difícil, muy difícil de creer. En escasos dos minutos, lo que duró el atraco, descubrí el valor de mi existir, que no había descubierto en treinta y un años de vida. ¡Cuantas cosas pasaron por mi mente, en esos dos minutos! Nunca en tan poquito tiempo había pensado tantas cosas: el tambalear entre la posibilidad de que me matasen o no, me golpearan, me hacieran esto o lo otro, y dependiendo de la decisión del asaltante, mi existir estuvo en un hilo.Después de que me asaltaron me quedo inmóvil con la ira y el coraje, maquinando cómo buscar a los asaltantes y recuperar lo robado. Pasaban los días, y aumentaba cada vez más mi coraje, y aún no volteaba a Dios, y, por fin, me di cuenta de que fue un pago exageradamente bajo lo que pagué con lo que me robaron para voltear a Dios y convertirme al Señor, y ver lo que tengo que recuperar en forma urgente, que es la vida de mi alma y mi paz con Dios.Ahora doy gracias a las personas que me asaltaron porque me abrieron los ojos a una gran riqueza que tenía guardada y que no se llevaron los rateros, que es mi alma viva y mi unión con Dios. Que gracias a esos dos minutos de incertidumbre, pegaditos a poder morir, me cambió la vida; pues en esos instantes vi que no estaba listo para encontrarme con Dios, pues mis cuentas eran únicamente saldos rojos. Dios mío, yo sé que no permitiste que pasara nada más, porque algo quieres de mí. Y porque seguro estoy de que me estás dando otra oportunidad de salvar mi alma, salvar la de mis prójimos o la de quien tenga a mi alcance. Aquí estoy Dios mío, dispuesto a seguir tus pasos”. Desde luego que no es nada fácil tener una experiencia de conocimiento de Dios en un atraco. Pues bien, este hombre la tuvo.Aquí tengo otro caso, es de una muchacha a quien su padre había decidido correrla de su casa. En aquel retiro había pocas; y yo les dije que lo íbamos a suspender por esa razón; pero ellas me insistieron tanto en que no lo suspendiera, que hicimos un trato: “Tomen el teléfono y, si logran doblar el número - eran seis-, podremos tener el retiro.” En la vida he visto gente tan pegada al teléfono y con tanta carga de motivación para invitar a otras personas. Resultaron ser más de veinte niñas al final para el retiro. Una de las que llegó venía acompañada de su mamá... llorosa, y me dijo: “Padre, a ver qué pueden hacer por mi hija, porque mi esposo la quiere correr de la casa”. Yo le dije: “Ud. rece, y vamos a ver qué sucede”. Fue un retiro normal como tantos otros, en el que se habló de Cristo, del agua viva de Cristo, en concreto dimos esta meditación de la Samaritana, y aquí tengo las palabras del cuestionario de salida.“Al salir de aquí me voy con una profunda paz espiritual, cosa que realmente me hacía falta; creo que será inolvidable esta experiencia, pues Dios me llegó en el preciso momento, y he vuelto a creer en Él.Con respecto al fruto que me llevo, es el de haber podido tomar una resolución que me parecía muy difícil o, más bien, imposible. No flaquearé en lo que he decido, pues El me brindó su ayuda y realmente no puedo fallarle. Comenzaré una nueva vida. Yo sé que me va a costar; me voy a tropezar con miles de obstáculos; me voy a enfrentar nuevamente a un ambiente horrible. Pero lucharé por salir a flote. La forma en que Dios me ha tendido la mano me ha emocionado muchísimo, y yo corresponderé a su bondad para conmigo siendo un ejemplo en todo lo que me ha enseñado. Creo que es la mínima cosa que puedo hacer como muestra de gratitud. Me siento feliz por haber vuelto a creer y por estar al comienzo del buen camino nuevamente”. Obviamente el papá de esta niña nunca la corrió de su casa.El te daría agua viva... Pero la mujer no era fácil de convencer ¿Dónde tienes esa Agua viva? Ella, la Samaritana no lo creía, y tú tampoco lo crees, y por eso te pierdes lo mejor de tu vida. También nosotros le decimos a Cristo: “¿Dónde tienes esa agua viva?, que equivale a decirle: ¿acaso si yo cambio de vida, acaso si yo me hago más cristiano voy a ser más feliz? ¡No lo creo! Conozco lo que me puede dar la vida, porque lo he palpado y experimentado, pero tu “agua viva” no la he probado. ¿En dónde está?” La mujer añadió con una cierta ironía: “¿Eres tú más que nuestro Padre Jacob, que nos hizo este pozo y del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Nosotros le decimos a Cristo: “¿Eres tú más interesante que las cosas humanas, que los placeres, que las drogas, que la botella, que el dinero, que la fama? ¿Ofreces cosas mejores que el mundo? ¡No lo creo! Porque el mundo me da diversiones, pasatiempos, mil cosas, dinero, poder, placer. ¿Tienes tú algo mejor?”Jesús podría haberle respondido que Él vivía antes que Jacob y que podría hacer mil millones de pozos mejores que aquél. Pero se fue por otro lado, y le dijo: “El que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; en él surgirá un manantial, una fuente que saltará hasta la vida eterna”. Palabras que dejaron pensando a la mujer.El que beba de esta agua... ¿Qué significa? Que, si sigues viviendo como has vivido, seguirás teniendo hambre y sed. Nada te calmará esa hambre ni esa sed. Así sucede con el pecado: uno va feliz a su encuentro, se imagina que va a calmar su sed, la sed de sus pasiones. Pero, después del pecado, ¿cómo se siente? Con la amargura dentro, el vacío, la tristeza y la desesperanza. El hastío es el premio y el salario del pecado, porque es muy efímero ese placer del pecado. Y Jesús dice. “ no tendrá sed jamás...” Una de dos: O es un gran mentiroso, y entonces dejémoslo en paz, como a tantos y a tantos maestros de nuestro tiempo que nos prometen el cielo, y nos dejan después un sabor amargo en la boca y en la vida, o realmente nos dice la verdad. Por si acaso, ¿por qué no le damos a Jesucristo la oportunidad de demostrarnos que realmente tiene el “agua viva”? Tú que le has dado la oportunidad a la botella, al sexo, a la droga, a la pachanga, al dinero, al poder, ¿por qué no le das a Jesucristo, al menos una vez, la oportunidad de que te hable, de que te haga sentir y experimentar lo del “agua viva”? Los santos son los que realmente nos podrían decir qué es el agua viva. Son los que la han experimentado, los que la han probado. Pensemos en San Pablo: “Para mí el vivir es Cristo y el morir una ganancia”. Pensemos en estas otras palabras: “Cristo es mi Dios, mi gran amigo, mi compañero, mi padre, mi grande y único amor y la única razón de mi existencia”.Ante estas palabras de Jesús, parece que la mujer se ablanda un poco, porque le responde de esta forma: “-Dame, Señor, de esa agua para que no vuelva a tener sed-.”Si conocieras, pedirías... Ya está pidiendo. ¡Cómo han cambiado las cosas en el curso de la conversación! ¡Qué distancia desde aquella pregunta displicente: “¿Cómo tú siendo judío, -un tú despectivo- me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?”, hasta esta petición respetuosa en que le llama “Señor”! Es ya un alma abierta, dispuesta a la sinceridad y a la disponibilidad. Entonces puede hablar nuestro Señor. Ojalá tú también tengas la sinceridad, costosa sinceridad, de decir a Cristo: Dame Señor, también a mí de esa agua para que no vuelva a tener sed. Es verdad, Señor, que se vuelve a tener sed, siempre que se bebe en otras fuentes. Por eso vengo en estos ejercicios a ti Cristo, sediento de paz, sediento de amor, de felicidad, de vida eterna; y es una sed incontenible que me da fiebre. Vengo cansado de buscar inútilmente por otros caminos. No he encontrado la verdad de la vida y de las cosas. No he encontrado el amor verdadero ni el sentido de la vida ni la felicidad lejos de ti.Aquí tengo otro testimonio, verdaderamente aleccionador, que les quiero leer: “Señor y Padre mío, te doy gracias por haberte encontrado, por haber visto tu luz en mi camino que tan oscuro estaba, por haber dado agua a mi alma que tan sedienta de amor estaba. Señor, te busqué muchas veces, y me venía el desencanto, porque no buscada en donde debía. Puse mi amor en cosas y personas, y solo vacío sentí. Pero Tú me diste la gracia de poder escucharte, decir mi nombre y seguirte; me quitaste mi ceguera, y te encontré en mi corazón. Allí estuviste siempre, y yo no me di cuenta. Contesté a tu llamado más tarde de lo que hubiera querido. ¡Cuanta soledad, cuanto resentimiento, cuanta falta de amor, cuanta desesperanza, cuanta inseguridad, cuanto dolor y remordimiento me hubiera ahorrado! Por eso hoy, Señor, te doy las gracias, porque, aunque sea al final de mi vida, Tú me esperaste para que te siguiera; y no cambio mi presente ni mi radiante juventud por mis canas. Porque joven me sentía más vieja que hoy. Porque hoy hay luz, esperanza en mi vida. Porque ya nada me puede seducir, si no es tu amor tan fiel, tan grande, que me lleva a caminar junto a ti hacia el Padre. Mi vida anterior no era vida, vegetaba, era espectadora de la vida; dependía mi risa y mis lágrimas de las acciones de los demás, y yo no vivía. No tenia vida propia, pero Tú, Señor, no te diste por vencido y volviste a tocar mi corazón, y por fin te escuché. Gracias, Señor”. Y añade al final: “Padre, si mi Dios no me hubiera prometido la vida eterna, con esta paz y este amor que me da, me serían suficientes.”Son palabras hermosas, palabras salidas del corazón, por lo tanto, verdaderas. Cuando hay esta sinceridad con Jesucristo entonces puede ocurrir el milagro; puede surgir la fuente de “agua viva” en este momento. Jesús le dice lo siguiente: parece como que cambia de conversación, pero ya veremos que no: “Anda, llama a tu marido y ven acá”. Cristo va al grano, a su problema, para darle solución. Era como decirle: “Mira, mujer, te voy a dar el agua viva, como me lo has pedido, pero hay un obstáculo.” Y por eso toca el punto del matrimonio. Ella dice: “No tengo marido”, y no añade más. Jesús le completa la situación: “Has dicho la verdad. Has tenido cinco maridos, y el que ahora vive contigo no es tu marido”. ¡Qué ojos pondría la samaritana al escuchar estas palabras! En seguida añade: “Veo que eres un profeta”. ¡Fíjense cómo ha cambiado de un tú despectivo a llamarle Señor respetuosamente; ahora sabe que es un profeta, y aun queda más.Ella, al sentir que le tocan el punto que le dolía, se cierra, y dice: “Señor, tengo una duda de fe. Ustedes dicen que hay que adorar a Dios en el templo de Jerusalén, y nosotros aquí, en el Monte Garizín - ¿Dónde hay que adorar a Dios?- Jesús mansamente le responde así: -“Mira, Dios está en todas partes, y lo puedes adorar en el templo de Jerusalén, en este monte, en tu casa, en todas partes.”- Otra duda: -“ Yo sé que el Mesías está por llegar. Cuando Él venga, nos dirá todo lo que tenemos que hacer.”- Antes de amalizar lo que Jesús le contesta quiero explicar la manera como nosotros le decimos palabras parecidas: “Yo sé que mi vida no anda muy bien, y no precisamente en cuanto al matrimonio, sino en otras cosillas... pero cuando venga el Mesías... Es decir: Mira, ahora soy joven; ya asentaré la cabeza cuando me case. Y, si ya me he casado, pues ya asentaré la cabeza después de muchos años, cuando sea abuelo, pero de momento, de momento, no! Sí voy a cambiar, voy a hacerlo, pero ahora no!” Ese es el engaño con el que el demonio nos convence.No nos dice: “No lo hagas”, sino simplemente: “Espérate un poco, no te lo tomes tan en serio; ya lo harás, hay tiempo para todo”. Y te lo crees. Mientras tanto, él se da tiempo... y luego procurará que sea un no rotundo a la gracia. Ante este comentario de la mujer sobre el Mesías, Jesús le dice: “¿Quieres conocer al Mesías?” De veras, cualquier mujer samaritana o judía quisiera conocerlo. Por eso, así termina la conversación de Jesús con ella: “El Mesías es el que está hablando contigo”. Ella se quedó materialmente sin voz, pensando: “Con razón se sabe mi vida, y conoce lo de mi matrimonio y todo lo demás. Y he estado hablando con el Mesías, y no le quería dar ni un vaso de agua”.Y ¿qué hace? Había ido por agua, y deja el cántaro en el pozo y corre, corre a la ciudad: Algo urgente, importante, tiene que decir, y comenta a gritos a todas las personas: ¡Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho! ¿No será acaso el Mesías? Vemos cómo una persona, cuando está convencida, arrastra y convence. No era ninguna santa, pero cómo hablaría del Mesías que, efectivamente, se trajo a toda la ciudad. Y Jesucristo, que iba de paso, tuvo que quedarse dos días con los samaritanos. Porque le suplicaron y lo consiguieron que les platicara de la Buena Nueva, durante dos días.Jesús lo hizo, además, con mucho gusto, porque el problema para Jesús no es que haya personas, como tú y como yo y como otros que le digan: quédate, quédate con nosotros, platícanos, háblanos, si a eso vienes. El verdadero problema está en cerrarle la puerta, en pasar de largo, en decirle: “no nos importas, no nos interesas”. Y se quedó el Mesías. Y oyéndole personalmente los samaritanos se entusiasmaron con Él, creyeron en Él, y le decían luego a la mujer: “Ya no creemos por tus palabras, porque nosotros hemos oído, y sabemos que El es el salvador del mundo”.Pudiera ser que tu conversación con Jesucristo llegara, si le dejas, hasta ese momento, en el que tú descubres en Él, al poseedor del “agua viva”, al que tiene en su mano tu felicidad, tu realización, tu verdadera salud espiritual; que lo descubrieras como tu verdad, tu vida, tu camino y, entonces, harías exactamente lo mismo: dejar el cántaro. ¿Qué te importa el cántaro vacío de la vida, cuando has descubierto algo mucho mejor? Entre una vida que es más un sobrevivir que vivir y una calidad de vida, uno escoge la calidad de vida. Y, si ve que Jesucristo es el que tiene esa calidad de vida, no se le despega, le dice: “Quédate”, le dice: “Dame también de esa “agua viva” para que no vuelva a tener sed”. Además de dejar el cántaro, tú también irías a comunicar esta experiencia a otras personas, porque es una experiencia tan grande, tan hermosa, tan gratificante que no te la puedes quedar, como ella tampoco se la pudo quedar, e irías a decir a muchos otros: ”Vengan, vengan, tuve esta experiencia, ojalá Uds. también la tengan”. Primero te mirarán como a un loco o a una loca; después te dirán lo mismo que le decían a ella. Ojalá también me lo digas a mí:” Mire, padre, usted me entusiasmó con su charla, con sus reflexiones sobre Cristo, pero ahora yo he escuchado su voz, he sentido su amor, he probado su “agua viva”, y Cristo es todo lo que usted nos dijo y muchísimo más. Yo preferiría que me dijeran eso. No que yo les he convencido, sino que ustedes se han convencido probando el “agua viva” de Jesús. El día que tú conozcas así a Cristo, te pasará lo mismo: dejarás tu cántaro -¿qué te importa ya?- y correrás a buscar a otros para que vayan a El. Tratemos ahora de explicar un poco qué significa el “agua viva” que en definitiva, no es otra cosa que la gracia santificante: En primer lugar nos hacemos la pregunta: ¿Qué significa vivir en gracia de Dios? ¿Qué es la gracia? ¿Cuál es la diferencia entre un cristiano que vive en gracia de Dios y otro que está en pecado mortal? La gracia es una participación real de la naturaleza divina, algo que nos diviniza y nos hace semejantes a Dios. Pongamos una comparación: un hierro metido en el fuego se pone al rojo vivo: adquiere la forma de ser del mismo fuego. Pues bien, la gracia hace que nosotros nos asemejemos a Dios y vivamos una vida parecida a la de Dios: Un injerto de la vida divina en nosotros que hace circular la vida de Dios en nuestra alma. Si estás en gracia, circula en ti la vida de Dios, tu alma tiene vida. Si estás en pecado, tu alma no tiene vida, no circula por ti la vida divina. De ahí la inmensa diferencia que existe entre dos hombres de los cuales uno vive en gracia de Dios y el otro no. Por fuera, quizás no se perciba mucho la diferencia, pero por dentro, en lo íntimo del alma, la diferencia es total. Tú mismo puedes observar y sentir que eres bien distinto cuando vives en gracia que cuando vives en pecado. Eres otro hombre, otra mujer La diferencia es tan grande como el color blanco y el color negro, como la vida y la muerte.¿Por qué tantos cristianos que no viven en gracia de Dios? ¿Por qué pierden tan fácilmente esa vida divina? Porque no conocen su valor. Lo que no se conoce no se ama, no se valora. ¡Si conocieras el don de Dios! Para un cristiano lo primero y fundamental es vivir en gracia de Dios, lo primero es vivir. Sin esto seremos cristianos de carnet, de bautizo, de museo. El termómetro del verdadero cristianismo es el porcentaje de cristianos que viven en gracia de Dios. Y, puesto que es una vida, la gracia debe ser habitual, permanente, porque es vida. La gracia de Dios no es como un vestido de bodas, que se usa un día y luego se guarda. Desgraciadamente muchos la toman así, como algo extraordinario, y no debe ser : vivir en gracia de Dios debe ser lo ordinario y lo normal para un cristiano, debe ser lo más común para ti. Lo extraordinario, lo raro, debe ser el pecado en tu vida. Nunca debieras de cometerlo, pero, si tienes la desgracia de caer, debes liberarte de él cuanto antes. Decíamos antes que no se estima suficientemente la gracia de Dios porque no se conoce bien lo que es. Veamos ahora los efectos que produce en nuestra vida esta gracia de Dios.¿Qué es lo que sucede en nosotros, cuando vivimos en gracia santificante? En primer lugar nos hace hijos de Dios, nos eleva a esa categoría; y esto no es un decir, es una realidad. El evangelista San Juan lo afirma rotundamente: “ nos llamamos y somos hijos de Dios”. Por eso podemos llamar a Dios ¡Padre! con toda verdad y con toda alegría.En segundo lugar la gracia hace que habite en nuestra alma el mismo Dios. Cristo lo prometió claramente: “ Si alguno me ama, que equivale a decir: si alguno vive en gracia de Dios, guardará mi palabra, y vendremos a él y haremos en él nuestra morada”. Decía San Pablo a los cristianos de Corinto: “¿ No sabéis que sois templos de Dios, y que el Espíritu Santo habita en vosotros?” Cuando un cristiano toma conciencia de esta realidad, respeta su cuerpo y el de los otros, porque se considera a sí mismo y a los demás como templos vivos donde habita Dios. El pecado es una profanación de ese templo. La belleza de un alma en gracia de Dios es maravillosa; mucho más grande que la belleza del cuerpo. A veces van juntos la belleza del cuerpo y la belleza del alma en la misma persona, pero con frecuencia a un rostro hermoso no corresponde un alma en gracia de Dios, y entonces la misma belleza humana pierde categoría, se desfigura, porque unos ojos tristes, los ojos de un alma en pecado, no pueden ser unos ojos hermosos. No podemos dejar de traslucir hacia fuera lo que llevamos dentro. El que lleva a Dios dentro de su alma lo irradia, lo exterioriza, se nota; y se nota, también, cuando Dios está ausente de nuestro corazón. Se suele decir que los ojos son la ventana del alma, y es muy cierto: Unos ojos limpios, puros, alegres hablan de Dios, del Dios que está dentro. Unos ojos tristes, cansados turbios, dicen que les falta Dios. La gracia -decíamos- nos hace hijos del Padre celestial y templos vivos de Dios. También nos hace amigos de Cristo y ¡qué amigo es Cristo! Cristo es el amigo fiel, el amigo que perdona, que olvida y rehabilita. Cristo nunca traiciona, es siempre fiel. Y Cristo no roba a nadie, ni a los jóvenes ni a los adultos, como algunos piensan, nada de lo que hay de grande, de noble y hermoso en la juventud y en la vida. ¡Todo lo contrario! Cristo sólo nos prohíbe hacer lo que es para nosotros positivo mal; Cristo te dice: “No peques, porque serás infeliz”. Cristo no te prohíbe que ames; te pide que ames de verdad, que te diviertas sanamente, que busques la verdadera felicidad. Solamente quien es amigo de Cristo, puede encontrar el auténtico amor y la única felicidad verdadera. Porque Cristo es el hombre perfecto al mismo tiempo que es Dios. La gracia de Dios nos hace también herederos del cielo con Cristo: El que vive en gracia de Dios está con un pie en el cielo. Bastaría un empujoncito para entrar; tenemos el boleto de entrada. Si en este momento estás en gracia de Dios, piensa que el cielo es para ti. Si Dios te llama, allá vas con toda seguridad; pero, si estás en pecado, piensa que el cielo no es para ti, mientras no recuperes la gracia de Dios. Un hombre que vive habitualmente en pecado, se puede decir que prácticamente está condenado, que ya vive en el infierno, que su lugar está allí; sólo le falta entrar. La muerte fija definitivamente la posición que se tiene en ese momento. Estás en gracia de Dios: estás definitivamente salvado. Mueres en pecado mortal, estás definitivamente condenado. Ya no se puede cambiar de rumbo: por toda la eternidad seguirán así las cosas. De ahí la gran pregunta que debes hacerte a ti mismo. ¿Estás en gracia de Dios? ¿Si? ¿No? Si tienes que responder que no, tu negocio principal anda mal. Y ¿de qué me sirve que todas las demás cosas vayan bien? “¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo? -dice Jesús- si al fin pierde su alma?” La gracia de Dios nos hace capaces de adquirir méritos sobrenaturales; en pecado no se puede merecer nada, no hay entradas.Aunque hagas cosas buenas, no te sirven de nada, porque estando en pecado no puedes merecer nada delante de Dios. Por eso, ¡cuantas páginas en blanco, quizás, cuantos días de tu vida desperdiciados en los que no ha entrado en tu alcancía sobrenatural ningún mérito! En gracia de Dios todo lo bueno que haces te sirve para merecer, te hace espiritualmente millonario. Aún las cosas más ordinarias, tales como el comer, dormir y el descansar son fuente de méritos incontables. ¡Qué bien entendía esto aquel anciano que, cuando le preguntaban cuantos años tenía, daba como respuesta: ”Tengo cinco años”, pues el resto de su vida la había pasado en el pecado. Aquí lo importante es que la vida se vive una sola vez. Una vez se vive la niñez y la juventud, y el tiempo para merecer es bien corto. Los años pasan demasiado veloces. Aprovechemos el tiempo para que no nos suceda esa terrible cosa de llegar a la hora de nuestra muerte con las manos vacías.Muchos podrán decir: “Eso de vivir en gracia de Dios es muy hermoso, muy grande, pero es una utopía, eso es imposible”. Para responder a esta dificultad bastaría con saber que hay muchos cristianos que viven habitualmente en gracia de Dios: Hay hombres, mujeres, niños, muchachos, muchachas que viven habitualmente en amistad con Dios. Si ellos pueden, quiere decir que se puede. Si ellos pueden, ¿por qué no vas a poder tú? Ciertamente quien vive alejado de los sacramentos, quien casi nunca se confiesa ni comulga ni va a misa, quien no sabe o no quiere sacrificarse un poquito, no lo puede conseguir. Pero, en este caso, no digas que no puedes, sino que no quieres.Es difícil, pero en gracia de Dios se vive mejor. Lo que vale cuesta. Y, porque somos débiles, podemos caer. Pero es propio del que cae levantarse. Lo importante es no seguir tirado en el suelo. He aquí unas reflexiones en torno a la vida de gracia santificante, en torno a la realidad más grande y hermosa que se puede vivir en la tierra. Eres y te llamas hijo de Dios. Dios vive dentro de ti mismo como en su propia casa. Sí, tu cuerpo es un templo vivo donde habita Dios. Eres amigo del mejor de los amigos, de Cristo. Tu patria y tu tierra es el cielo donde vivirás feliz eternamente. Todas las cosas que haces en tu vida diaria son una fuente incontable de méritos sobrenaturales; todo esto porque vives en gracia de Dios. Si vives en pecado mortal te pierdes todo esto; si recuperas la gracia de Dios, recuperas todo esto. ¿Estarás perdiendo miserablemente los años de tu vida? ¿Estarás ganado todo el mundo, y perdiendo tu alma? Y Dios ha dicho: “¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si al fin pierde su alma?”

MEDITACIÓN SIMBÓLICA DE LA FE. 2008



El Atardecer de la Vida
La vida es un instante que pasa y no vuelve. Comienza con un fresco amanecer; y como un atardecer sereno se nos va.

El sol se despedía del Imperio Tré. El vasallo caminaba junto a la anciana del molino amarillo. Iban conversando sobre la vida. - ¿Qué cosa es lo que más te gusta de la vida, anciana? La viejecilla del molino amarillo se entretenía en lanzar los ojos hacia el ocaso. - Los atardeceres –respondió. El vasallo preguntó, confundido: - ¿No te gustan más los amaneceres? Mira que no he visto cosa más hermosa que el nacimiento del sol allá, detrás de las verdes colinas de Tré. Y reafirmándose, exclamó: - ¿Sabes? Yo prefiero los amaneceres. La anciana dejó sobre el piso la canastilla de espigas que sus arrugadas manos llevaban. Dirigiéndose hacia el vasallo, con tono de voz dulce y conciliador, dijo: - Los amaneceres son bellos, sí. Pero las puestas de sol me dicen más. Son momentos en los que me gusta reflexionar y pensar mucho. Son momentos que me dicen cosas de mí misma. - ¿Cosas? ¿De ti misma...? – inquirió el vasallo. No sabía a qué se refería la viejecilla con aquella frase. Antes de cerrar la puerta del molino amarillo, la anciana añadió: - Claro. La vida es como un amanecer para los jóvenes como tú. Para los ancianos, como yo, es un bello atardecer. Lo que al inicio el precioso, al final llega a ser plenamente hermoso. Por eso prefiero los atardeceres... - ¡mira! La anciana apuntó con su mano hacia el horizonte. El sol se ocultó y un cálido color rosado se extendió por todo el cielo del Imperio Tré. El vasallo guardó silencio. Quedó absorto ante tanta belleza. La vida es un instante que pasa y no vuelve. Comienza con un fresco amanecer; y como un atardecer sereno se nos va. De nosotros depende que el sol de nuestra vida, cuando se despida del cielo llamado “historia”, coloreé con hermosos colores su despedida. Colores que sean los recuerdos bonitos que guarden de nosotros las personas que vivieron a nuestro lado.

EXPRESIONES LITÚRGICAS QUE DEBEMOS CONOCER



El Tiempo Ordinario de la Liturgia, ordinario no significa de poca importancia Celebremos el Tiempo OrdinarioOrdinario no significa de poca importancia, anodino, insulso, incoloro. Sencillamente, con este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos fuertes”, que son el ciclo de Pascua y el de Navidad con su preparación y su prolongación. Es el tiempo más antiguo de la organización del año cristiano....

Año litúrgico


Celebremos el Tiempo Ordinario El Tiempo Ordinario de la Liturgia, ordinario no significa de poca importancia


Celebraciones Especiales



Vacaciones Escolares No es un momento litúrgico marcado por la Iglesia, pero siendo un tiempo de descanso y convivencia intensa, pueden aprovecharse para crecer espiritualmente .

Celebración de Sacramentos

Especial de preparación para el matrimonio Catholic.net invita a todos jóvenes que están preparándose para emprender su camino hacia el matrimonio y la familia a consultar nuestro Especial